¿Cómo afrontar una muerte sin haberse podido despedir?

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El Coronavirus se ha llevado, sólo en España, más de 25.000 personas. Es difícil encontrar alguna familia que no haya sufrido alguna pérdida o que no la haya visto relativamente de cerca. Sin embargo, la pandemia obliga a unos protocolos de seguridad que han imposibilitado un eslabón importantísimo en el proceso de gestión de una pérdida: la despedida. Esa ceremonia, el funeral, es un acto social de expresión emocional y de acompañamiento que forma parte del duelo. ¿Qué hacer cuando no existe? Nuestra colaboradora, la psicóloga Clàudia Rovira Coleto, recoge las indicaciones que ha elaborado el Colegio de Psicólogos Profesionales de Catalunya (COPC) y te aporta claves muy importantes.

Duelo y despedida

El duelo es el proceso de adaptación emocional que se sigue a cualquier pérdida y el funeral oficializa la realidad de la muerte. Es uno de los rituales más importantes que tenemos como seres humanos y cumple varias funciones, entre ellas la de separar el fallecido de las personas vivas. Sin embargo, las circunstancias actuales, regidas por la pandemia por el Covid19, han impedido la despedida individual y colectiva.

El ritual de despedida en tiempos de Coronavirus

A pesar de no poder celebrar una ceremonia «normal», sí puedes celebrar una ceremonia en casa, tu solo o con las personas con las que te encuentras. Aquí tienes algunos consejos:

El ritual de despedida en tiempos de Coronavirus
  • Establece un día y una hora para hacerla, y utiliza todo lo que necesites: fotos, velas, una pequeña lectura, un poema…
  • Date tu tiempo para dedicarle la despedida que consideres.
  • Busca imágenes, lee, escribe, canta, exprésate.
  • Valora la posibilidad de que otras personas que no estén en casa puedan seguir la ceremonia en directo por teléfono o por videoconferencia.
  • Piensa que tienes el recurso del simbolismo. Si es necesario, haz alguna réplica simbólica de lo que a esta persona le hubiera gustado como despedida. Por ejemplo, si le gustaba el mar, puedes poner un dibujo o una imagen junto a su fotografía.
  • Recuerda que, cuando el confinamiento termine, podrás celebrar la ceremonia que se merecía, aunque sea con unos meses de retraso.

Date permiso para sentir

El hecho de no haber podido celebrar un funeral de manera tradicional puede dificultar el inicio y la elaboración del duelo, pero es un proceso inevitable y deberás encontrar alternativas que te permitan elaborarlo. A pesar de todo, date permiso para sentir.

Date permiso para sentir
  • Si lo necesitas, habla. Saca la pena. No te lo quedes dentro. Siéntete libre de hablar con las personas que viven contigo o, si en este momento te resulta difícil hacerlo con ellas porque también han vivido la pérdida, siempre puedes llamar a quien creas que te puede ayudar.
  • Es posible que tengas dificultades para pensar, para concentrarte, es probable que te encuentres pensando en nada, con momentos ausentes, confuso. Es perfectamente normal, no te exijas demasiado a ti mismo en estos momentos.
  • Establece momentos de recogimiento personal en los que puedas estar a solas con tus pensamientos, aprovecha para meditar o estar en silencio.
  • Si te ayuda, plasma tu proceso en un pequeño diario, por ejemplo. Un lugar donde puedas expresarte o expresarle al fallecido tu proceso. Un dialogo abierto donde vayas desahogando tus pensamientos.
  • Intenta hablar con naturalidad del tema, permitiendo la expresión de sentimientos y emociones. En situaciones como esta, puede pasar que por no querer mostrar a los demás la angustia, para no preocuparles o causarles dolor, se reprimen las emociones. Hay que intentar no perder las herramientas más valiosas que tienes para poder recuperarte: una buena comunicación, un espacio y unas personas con las que poder llorar y hablar libremente de la muerte, del dolor, de la ausencia, la angustia, la añoranza, etc.
  • Acepta que seguramente cada uno vivirá la pérdida de manera diferente. Habrá personas que llorarán mucho, otros que nada, otros que enseguida, otros que al cabo de unas horas, días o semanas. Respeta cómo vive cada uno las fases del duelo. Y también acéptatelas en ti.

Las fases del duelo

En condiciones normales, el ritual de la despedida, el funeral, coincide con la primera fase del duelo, la inicial. En esta fase primaria se producen shock, incredulidad, negación…, son reacciones normales y surgen como defensa. Perduran hasta que la persona consigue asimilar el golpe: horas, semanas, meses… Quien sufre la pérdida se ve inundada por un sentimiento arrollador de dolor, de tristeza, que se expresa con llanto frecuente e incontrolable.

La fase aguda del duelo expresa el dolor por la separación, hay un desinterés por el mundo, la rabia, incluso, emerge (“el mundo sigue… ¿por qué no se para?, ¡Maldita sea!”) y hay episodios de angustia. Esta fase se va minimizando con el tiempo.

La fase final del duelo, la final, es gradual y en ella hay una reconexión con la vida diaria, los altibajos de la etapa anterior se estabilizan y los recuerdos del ser desaparecido traen sentimientos cariñosos, mezclados con tristeza, en lugar del dolor agudo inicial.

Según Kübler-Ross el duelo está compuesto por la negación, la ira, la negociación, el dolor emocional i la aceptación. No todo el mundo pasa por ellas, ni las expresa en el mismo orden, de aquí que cada uno vive el duelo como lo vive.

Cómo puedes ayudar

¿Cuál es el papel de los familiares y amigos en un proceso de duelo? No hay fórmulas para evitar errar, porque se trata de un proceso personal y social muy ligado al contexto cultural, pero pueden señalarse algunos aspectos a tener en cuenta a la hora de acompañar en el duelo:

Soporte
  • Hay que escuchar más que hablar. Hay muy pocas personas que se tomen el tiempo necesario para escuchar las preocupaciones más profundas de otro individuo. Sé una de ellas.
  • Estar ahí para compartir momentos difíciles o para distraer cuando sea necesario es muy importante, simplemente estar ahí. Toma la iniciativa en las llamadas y encuentros (en estos momentos aplazando las de tipo presencial) y mantén dicha iniciativa a lo largo de los meses siguientes.
  • No digas al otro qué tiene que hacer. Confía en sus recursos.
  • Evita obligar a la persona a asumir un papel con frases como «Lo estás haciendo muy bien», por ejemplo. Deja que la persona pueda tener sentimientos tristes sin tener la sensación de que está defraudando.
  • Evita «animar» a los demás con frases que:
    • Sugieran no expresar los sentimientos, por ejemplo, como “No llores” o “No te enfades”.
    • Pidan ser más fuerte de lo que la persona puede sostener en ese momento como «Ahora tienes que ser fuerte» o «Tú lo puedes superar”.
    • Intenten amortiguar el dolor con sustituciones como “Tienes una familia / trabajo / hija que llena de sentido tu vida”
    • Pidan resignación como «Es lo mejor que le podía pasar» o «Es ley de vida”.

Estas premisas pueden ser una fuente de invalidación de dolor y ahora lo correcto y sanador es sentir dolor, así que un silencio o unas palabras de pésame reconociendo el dolor ayudando a la persona a poder expresar su proceso serán una mejor opción.

  • Abre puertas a la comunicación y si no sabes qué decir pregunta: «¿Cómo estás hoy?» o «He estado pensando en ti. ¿Como te está yendo?”.
  • Sé paciente con la historia de la persona que ha sufrido la pérdida y permite darle un espacio para compartir sus recuerdos del ser querido. Así fomentarás una continuidad saludable en la orientación de la persona cuyo futuro ha quedado transformado.
  • Cultiva los recuerdos positivos vividos con la persona que ya no está.

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