Por qué hay que llevar sujetador

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Te explicamos los beneficios del sujetador y qué debes tener en cuenta a la hora de elegir un modelo u otro.

Tu pecho es diferente al de cualquier otra mujer, pero, además, tu pecho cambia contigo, igual que lo hace el resto de tu cuerpo. Esa evolución, que, por ejemplo, vemos tan natural para el rostro, aunque no nos guste, cuesta de asimilar para el aspecto del pecho, icono de una imagen determinada de la mujer. Sin embargo, el pecho es un órgano glandular formado por tejido conjuntivo, grasa y tejido mamario con sus glándulas galactóforas que producen leche, y todo ello sujeto por piel, esa misma piel que cubre el rostro y el resto del cuerpo. Si tu cuerpo cambia, ¿por qué no va a hacerlo el pecho? En esa evolución, que puede ser cíclica, por cambios hormonales, y continuada, por el paso del tiempo, la variación de peso y también por otros procesos hormonales, el pecho de una mujer muestra variaciones de forma y de talla.

¿Qué papel cumple el sujetador en esas variaciones? El de ofrecerte confort y acompañar la piel en su papel de sujeción.

Sujetador Rosa Faia
Rosa Faia

Si te han contado que el sujetador es un símbolo de represión, te han vendido una moto falsa.

Hubo una época en la que la corsetería estuvo rendida a los dictámenes del encorsetamiento de la mujer en una sociedad que no la dejaba respirar. Entonces, los corsés eran auténticas armas de un patriarcado que sólo veía a las féminas como bonitos jarrones decorativos y úteros en los que cobijar a su prole. Pues bien, gran noticia y no hace falta que se diga en el Día Internacional de la Mujer: la tiranía de la ropa interior murió hace muchos, muchos, muchos años. Démosle al sujetador, de una vez por todas, la importancia que merece y veamos sus virtudes, que son numerosas.

5 Cosas para tener MUY en cuenta ante la elección de tu sujetador

1. Tu talla. Ríos de tinta se han escrito en esta publicación sobre la importancia de conocer la talla de sujetador.

Pues nada, la proporción de desconocimiento sigue siendo la misma. Siete de cada 10 mujeres desconocen qué talla tienen.

La talla del pecho la dan dos medidas y una resta. Te contamos cómo hacerlo:

  1. Coge una cinta métrica de sastre, de las flexibles. Rodea tu contorno bajo pecho y anota los centímetros.
  2. Vuelve a rodear tu contorno, esta vez a la altura de los pezones. Anota esos centímetros.
  3. Resta la primera medida (bajo pecho) con la segunda medida (altura pezones). Ese número te dará la copa (profundidad o altura de la mama).
  4. Con la primera medida (bajo pecho) y la de la resta, consulta esta tabla. Ahí tienes tu talla.

Otra opción, acude a un comercio especializado (mejor los de toda la vida, que son los que más saben) y que te realicen esas medidas. Ellos te dirán tu talla.

2. Una vez sepas tu talla, combina eso con tus gustos y con los estilos de sostenes que encontrarás en el comercio. Seguro que encontrarás el tuyo.

3. Pero ese “tuyo” tiene una vida X. Si pretendes que tu sujetador, que llevas a diario, te acompañe hasta tu jubilación, lo llevas claro. Los tejidos, por buenos que sean, tienen una vida. Renueva tu sujetador cada cierto tiempo, ten más de uno para ir combinando y fíjate bien en la evolución de tu pecho. Talla y forma pueden variar, así que esas medidas que te has tomado al principio quizás haya que actualizarlas al cabo de un tiempo.

4. Importante: si tienes una talla de contorno grande y/o una copa grande, NO PASA NADA. Nada de nada. Pero sí debes entender que no todo vale para cada talla. Una copa a partir de una D o una E precisa de unos tirantes de un ancho determinado. Podrás llevarlos finos en un momento dado, pero para tu día a día, si quieres evitar daño muscular en la zona del hombro, créeme, utiliza tirantes anchos que ayudarán a sujetar el pecho junto a la espaldilla.

5. Cuidado con el contorno del sujetador, eternamente olvidado… En la capacidad de sujetar el pecho, tan importantes son los tirantes como el contorno. Ambos hacen una tracción que sumados controlan el efecto gravedad. Si llevas el contorno en el cogote, flaco favor te haces. Tu pecho caerá como peras maduras. Vigila que en la espalda, tirantes y contorno formen un ángulo recto, como una L al revés.

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