Os presentamos a una nueva colaboradora que se une al excelente elenco de blogueros y blogueras de INTROVERSION. Ella es Milena Gaete Llanos, que había formado parte del equipo de la edición impresa y que, ahora desde Chile, nos ofrece sus retratos escritos de la sociedad chilena y de cómo las mujeres se ubican en ella, desde la nueva sección de este blog ‘En las antípodas’. De entrada, sus comentarios sobre el terremoto que han vivido recientemente: “Aquí hemos pasado mucho miedo. Nosotros vivimos en un catorceavo piso y parecíamos cubitos de hielo dentro de una coctelera. Además, en nuestra habitación, hay unos grandes ventanales y podíamos ver cómo caían los cables eléctricos a la vez que se formaban bolas de energía. A continuación, el apagón total. Parecía que estábamos en un bombardeo. Qué miedo…” Os dejamos con ella y con sus primeras pinceladas al llegar a Santiago de Chile, capital del país, antes del seísmo que han vivido sus habitantes.

Señal 'feminista' en Santiago de Chile

Señal 'feminista' en Santiago de Chile

Desde mi última visita a Sudamérica, en concreto a Chile, habían pasado casi 10 años. Al aterrizar en la capital del confín del mundo estaba convencida que no encontraría un cambio notorio, pero cuál fue mi sorpresa al descubrir que, si me hubiesen dejado en el centro de la ciudad sin decirme el destino, podría haberla confundido con cualquier ciudad de cualquier país totalmente desarrollado (si no fuera por esas imponentes montañas, deseo de cualquier fanático del trekking, que delatan a Santiago de Chile). Se ha producido un aumento considerable en la edificación vertical, y los altos edificios dibujan un skyline que concentra, como en todas las ciudades de primer orden, las oficinas de las multinacionales, las empresas nacionales prósperas y los lobbies.

A Chile se le ha considerado, desde los ochenta, un país con cierta estabilidad tanto política (no había otra opción) como económica; quizás esta afirmación la hace buena la inestabilidad argentina debido a la proximidad. Estos cambios están impulsados, en gran parte por la inversiones, por la democratización del país y evidentemente por la sociedad, que ha empezado a despojarse de todos sus complejos.

Skyline de Santiago de Chile

Skyline de Santiago de Chile

Otra cosa que me ha llamado la atención es la incorporación al mercado laboral de la mujer, que es de más del 40%. Como bien sabemos los que vivimos la transición española, este hecho provoca unos cambios en la sociedad que van más allá del mero asunto de que una mujer que hasta entonces solo gestionaba la economía a pequeña escala también sea partícipe en los ingresos. Aquí, todavía las familias son extensas pero esto también irá cambiando. Como si estuviéramos ante unos vasos comunicantes: a más mujeres trabajando menos hijos. Esta etapa aún está fase incipiente, pero no tiene marcha atrás.

Como mujer preocupada por la igualdad de oportunidades estoy contenta de poder tener la oportunidad de vivir por segunda vez la lucha de la mujer por sí misma, no contra nadie ni nada, simplemente ver cómo sale de entre las paredes del hogar, de las ataduras del trabajo doméstico, de la educación de los hijos (estos últimos como carga exclusiva de la mujer), y en muchos casos del yugo del marido. Al mismo tiempo tendré la posibilidad de ver cómo la condición humana se encuentra con las mismas piedras. Tan sólo queda saber sortearlas con habilidad.

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