En el número 12 de INTROVERSION podéis leer la entrevista que Anna T. Farran ha realizado a la doctora Cynthia Maung, Premio Internacional Catalunya 2008 conjuntamente con la política y Premio Nobel de la Paz 1991 Aung San Suu Kyi, en reconocimiento a su lucha por la democracia, la paz y la justicia en Myanmar (antigua Birmania). Y es que la doctora Maung está firmemente comprometida con una sociedad democrática, igualitaria, justa y libre en su país para dejar un futuro brillante a las nuevas generaciones. Su contribución, destacada como pocas, a este objetivo, es dirigir un hospital y organizar equipos médicos que visitan a los exiliados birmanos ocultos en la selva en la frontera tailandesa, donde desde 1988 vive y trabaja.

Cynthia Maung en su visita a Barcelona, el pasado para Noviembre, para recoger el premio

Pero Cynthia no sólo actúa para los desplazados en el área sanitaria sino también en educación y otros servicios asistenciales: “En 1998 formamos una asociación llamada Back Pack Health Worker Team junto con el hospital Mae Tao que yo dirijo. Esta asociación ayuda a 80.000 personas y forma a unos 50 trabajadores al año, especialmente comadronas para los partos y maestros para que enseñen a los niños las reglas fundamentales de la higiene. Tenemos un contingente de urgencia para los desplazados y reforzamos la promoción de la salud entre los grupos étnicos. No sólo asistimos a inmigrantes ilegales sino también a gente afectada por las minas antipersona a las que, además de darles asistencia médica, les proporcionamos prótesis. Y operamos a la gente mayor de la vista, tenemos escuelas para los niños y también un orfanato”.

La doctora Maung, a la que su militancia social y política no le ha impedido casarse y ser madre de cuatro hijos, aprovecha cualquier oportunidad, como la concesión de este premio, para dar a conocer la dura situación en que se encuentran sus compatriotas birmanos. Por ejemplo, en mayo de 2008, el ciclón Nargis dejó a más de cuatro millones de personas sin hogar, y la Junta Militar birmana no permitió que los afectados recibieran ayuda alguna. Cynthia Maung reclama que, además de las medicinas y alimentos que hoy reciben, la comunidad internacional se implique más, ejerza presión y aporte otros recursos. “Los birmanos nunca se rendirán, seguirán luchando”, proclama con orgullo. “En 2007 la gente intentó rebelarse para que se escuchara su voz. Transcendió a nivel internacional como `la revuelta azafrán’ porque los monjes budistas se manifestaron pacíficamente pero fueron duramente reprimidos. Y en las zonas fronterizas, la comunidades se asocian y luchan por los derechos humanos y la democracia”.

La sonrisa de Cynthia refleja la esperanza de que todo cambie en su país

Pero ¿qué está pasando exactamente en Myanmar? Según la doctora Maung, el país: “tiene muchos recursos naturales pero están en manos de los militares mientras el pueblo es extremadamente pobre, sin derecho a la sanidad ni a la educación. Bajo la dictadura de la Junta Militar la gente vive con temor por las amenazas. Muchos han sido obligados a realizar trabajos forzados, separan a las familias, han sacado a los niños de la escuela y les obligan a trabajar. Más de 500.000 personas están siempre bajo una amenaza de acciones y violencia militar y hay más de 2.000 presos políticos. El gobierno militar no sólo ignora los derechos humanos sino que, además, impide la llegada de la asistencia de organizaciones internacionales. Las torturas y las violaciones son tan frecuentes que la gente huye del país a pie por la selva y por áreas sembradas de minas antipersona”.

¿Y las consecuencias?: “Hoy en día hay más de dos millones de  birmanos que han llegado de forma ilegal a Tailandia y permanecen como inmigrantes y sin derechos. Allí buscan un trabajo y con lo que ganan intentan ayudar a sus familias que se quedaron en Myanmar. Cuando llegan los refugiados intentamos recoger información para saber cómo está el país y también preguntamos por la situación económica, que está afectando de una manera terrible a la población birmana.”
Todo comenzó con el golpe militar de 1988, que Cynthia califica como “terrible. Mataron a más de 3.000 personas en Yangón (anteriormente Rangún), estudiantes y civiles. Muchos fueron arrestados y otros desaparecieron”. Las elecciones de 1990 no mejoraron el estado del país: “Ganó el partido de Aung San Suu Ki pero no lo reconocieron nunca y, en lugar de ir a mejor, la situación ha empeorado, ahora es muy crítica, hay más sufrimiento y más gente refugiada.” Y desde poco tiempo después, su compañera de lucha Suu Kyi está prisionera por el gobierno militar en su propia casa de Yangón.

La doctora Maung en la plaza de la catedral de la Ciudad Condal

La doctora Maung cuenta cómo empezó su concienciación y su lucha: “Fue también en 1988, cuando estaba trabajando en el estado de Karen, que es una minoría étnica. La Junta Militar ataca a grupos minoritarios como éste. Allí no había asistencia pública y la gente acudía a nuestra clínica privada sobre todo porque había mucha malaria. Los campesinos estaban obligados a vender el arroz que cultivaban al gobierno, a precios muy bajos, y la presión fue tan fuerte que empobreció al pueblo. Y todo el mundo tenía miedo porque no se podía decir nada en contra de los militares… Permanecí allí sólo ocho meses. Todo lo que vi durante ese tiempo me hizo pensar que las cosas tenían que cambiar, que se tenía que luchar por un gobierno democrático que respetara los derechos humanos y entré a formar parte del grupo posicionado contra los militares”.

Para terminar, Cynhtia habla de la posición preponderante que las mujeres tienen en esta movilización: “Cada grupo étnico de la frontera tiene su organización de mujeres. Women League of Burma es la más representativa. Trabajan mucho y muy bien, son fuertes y participan en la redacción de una nueva constitución. Estos grupos levantan su voz para pedir ayuda internacional, pero no se suele hablar de ellos”.

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