El blog de INTROVERSION tiene el gusto de presentaros a su nueva colaboradora: se trata de Victoria Bafalluy, la consejera de moda íntima de la revista cuyas columnas podéis leer en la sección SABÍAS. Propietaria del comercio multimarca especializado en prendas interiores París Chic, situado en Barcelona, Victoria es licenciada en Marketing Textil por la Escuela de Artes y Técnicas de la Moda, y periódicamente nos obsequiará, en la sección titulada Colgada por la Moda Íntima, con su visión práctica, irónica y desenfadada sobre las tendencias de moda íntima y belleza. Y ahora, sin más preámbulos, os dejamos con ella.

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En Oriente sigue imperando el símbolo del velo: la mujer es invisible para la sociedad y sólo se lo quita en su casa, donde muestra toda su sensualidad y feminidad únicamente a su marido, luciendo preciosos vestidos y exquisitas prendas íntimas. Mientras, en Occidente, durante décadas han imperado otros símbolos que, aunque mucho más caseros, también han marcado época, como la bata de boatiné para las amas de casa y el viejo chándal para los maridos. Son dos mundos diferentes, completamente opuestos, porque claro, la sensualidad con una gastada bata o un desfasado chándal brilla por su ausencia y más de uno y una piensa que ojalá su propia pareja fuese también invisible, no en la sociedad, pero sí en el hogar.

La función principal de la bata, sea de boatiné o del Pirineo, es combatir el frío, pero durante años ha sido el uniforme por excelencia de nuestras madres y abuelas, denotando la comodidad de una mujer hogareña, un uniforme, además, multifuncional, que servía para cocinar, realizar otras tareas domésticas, cenar de gala con la familia, bajar la basura y en muchos casos hasta ir a comprar el pan. No se puede hablar de esta prenda como tendencia de moda, porque ha durado demasiado tiempo, y en muchos hogares continúa en auge; por eso he decidido encasillar esta prenda como símbolo u uniforme. Digamos que estuvo bien mientras duró (prefiero no profundizar en el tema), pero por favor, convenzamos a nuestras madres y abuelas de que cuelguen de una vez por todas este atuendo.

Princesa Moonlight

Y se preguntaran ustedes: ¿qué nos ponemos por casa encima del pijama cuando el frío aprieta? Pues una bata, por supuesto, pero es que de la típica bata de boatiné o del Pirineo se ha evolucionado muchísimo y las principales marcas de lencería llevan años sacando preciosas colecciones de pijamas, tres piezas, batas-parka, chaquetitas afelpadas que además de bonitas y de diseño resultan cómodas, en definitiva, ropa de mujer para estar por casa, homewear, pijamas que no parecen pijamas con los que podríamos salir a la calle perfectamente, y demás.

Y para ellos, por favor, aparquemos también el viejo símbolo del chándal, aquellos, para colmo, de fibra sintética “made in Garrulandia”. No nos podemos llevar las manos a la cabeza por el velo islámico y pensar en el suplicio que representa para las mujeres de esta cultura y luego ponernos el uniforme de la bata de boatiné al llegar a casa. ¡Menudo calvario para nuestra pareja!

Kiff Kiff

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