“Cuantos más años cumplo, más sueños tengo”

 

Ella se define como una mujer que cuenta historias. El público la conoce como periodista, escritora, presentadora, ejecutiva, embajadora solidaria y también como creadora de “Happy Aging”, su propuesta para descumplir años.

 

Esta Teresa no es solo la que conocimos en Rockopop, o la que se sienta a escribir frente a un ventanal, o la presentadora del programa “Dime qué fue de ti”, o “La observadora” de Radio Nacional, o la primera mujer que dirigió un semanario de información general en España. Es todas ellas y una más: la Teresa creadora de “Happy Aging”, un blog en el comparte sus secretos para disfrutar del paso del tiempo en plenitud física y espiritual.

 

¿Quién es Teresa Viejo?

Soy una mujer emocional, sensitiva, empática, un poco anárquica y llena de sueños y proyectos, cada vez más. Según cumplo años tengo más sueños.

También te has definido como una mujer que cuenta historias…

Lo que siempre he hecho ha sido contar historias, a veces historias pegadas a la actualidad, otras veces contenidos informativos que van desde la salud hasta el suceso, pero siempre me animaba contar las historias de la gente sencilla. Llega un momento en que te liberas y cuentas tus historias, historias de ficción que para mí son absolutamente veraces, porque en la ficción hay una enorme verdad.

Recuerdo la primera vez que te vi en la tele, presentando Rockopop. Apareciste con tu espectacular melena rizada, tejanos y chupa de cuero. ¿Qué esperaba de la vida aquella joven periodista? ¿Te has convertido en la Teresa que querías?

Creo que la vida me ha regalado mucho más de lo que yo ambicionaba. No recuerdo haber trazado en aquel momento unos planes muy definidos de hacia dónde quería ir. Supongo que tenía más ambiciones profesionales que personales. La vida me ha permitido crecer mucho profesionalmente, pero muchísimo más humanamente, incluso espiritualmente. Yo soy una persona muy espiritual, es un camino maravilloso de crecimiento personal. Me recuerdo especialmente inquieta, tremendamente curiosa… La curiosidad no la he perdido en ningún momento. Sí he perdido, por suerte, la precipitación. Tenía una sensación de que necesitaba hacer todo, mucho y muy rápido, y que el ritmo del reloj era más lento que el que me imponía mi organismo, mi vocación y mi ambición. Yo quería, quería, quería… por eso estaba tan delgada (risas). Era puro nervio y me faltaba reflexión, y esa reflexión, ese poso necesario que tienes con los años, lo cubría con mi curiosidad. Me da mucha ternura esa chica… Si ahora la viera me echaría una buena charla con ella. ¡Qué poco sabía de la vida, pero qué ganas de saber!

En 2016 regresaste a la televisión con “Dime qué fue de ti”, un programa de encuentros y recuerdos salido de tu programa de radio (La observadora). ¿Qué te cautivó de explorar el pasado? ¿Alguna historia te ha impactado especialmente?

En la radio funcionó tan bien que pensé que ese espacio tenía que crecer. Fue un empeño mío al que se sumaron otras voluntades y terminó siendo un programa de televisión. Obedece también a una de mis pulsiones cuando escribo, cuando investigo o cuando me dejo seducir por algo. Me gustan mucho las historias del pasado, me gustan los capítulos pendientes en la vida de las personas.

 

Muchos de esos capítulos volvían al primer amor. ¿Es la gran asignatura pendiente?

Echar de menos es transversal. Uno echa de menos en cualquier momento y a cualquier edad. No hay época para añorar a alguien, y por supuesto el amor es el gran capítulo en la salud social, emocional y psicológica de los seres humanos. Yo miro a mi alrededor, en mi entorno personal, y me encuentro a muchos hombres y mujeres solos y solas, pendientes de encontrar de nuevo otro amor cuando ya han cumplido los 50. El amor es un interrogante perenne. A mí siempre me ha gustado mucho eso del primer amor, no tanto por recuperar la juventud perdida como por las grandes historias de amor en tiempos difíciles que recuperas cuando ya eres muy mayor. He recibido una carta preciosa de una mujer de ochenta y tantos años que necesita explicarle al amor de su vida por qué no fue a una cita una tarde. Este programa me ha dado argumentos para novelas sin fin.

Has sido la primera directora de una revista de información general: Interviú (2002-2004), en un país donde las periodistas no suelen conseguir puestos ejecutivos en los medios. Tú que has estado ahí, ¿qué opinas sobre la escasa presencia femenina a partir de cierto nivel del organigrama?

Fíjate, ese es uno de los errores cuando concibes la vida. Yo siempre tenía una percepción de que la vida se parecía a una escalera, que en la medida que vas ascendiendo también vas progresando y alcanzando logros. Y sin embargo la vida no es así, la vida es un zigzag: el logro conseguido en un momento determinado lo vas a perder al siguiente, y eso es lo que ha sucedido con la incorporación de la mujer en los puestos de gestión y de mando. En etapas de bonanza económica, la propia sociedad y las organizaciones empresariales lo han permitido de una manera digamos que laxa, incluso han dicho “lo vamos a patrocinar”, vamos a fomentar que las mujeres accedan a determinados cargos, pero la crisis ha sido absolutamente devastadora también en esto. En este momento, las mujeres, y especialmente las mujeres periodistas, en una sociedad como es la de los medios de comunicación, empobrecida y sin recursos, nos hemos visto relegadas. Ahora, las mujeres que tienen cargos directivos ni siquiera pueden ejercer un liderazgo femenino, se han tenido que doblegar al liderazgo imperante y pueden hacer muy pocos cambios, desde luego no los cambios que podría haber hecho yo en su día. Yo trataba de no subrayar en exceso aquello de que eres mujer y estás aquí, pero a lo mejor, si hubiera sido visionaria y hubiera tenido más dotes de clarividencia para ver lo que iba a suceder, tendría que haber sido mucho más incisiva en ello. Es muy triste, porque me doy cuenta de que solo podemos avanzar y progresar en la medida en que haya bonanza económica. Ayer me sucedió una cosa relacionada con esto. Yo soy embajadora de una fundación y fui a firmar un convenio con ILUNION. El director me preguntó por una íntima amiga a quien había perdido la pista. Creo que esta amiga llegó a ser la directora de hotel más joven de España, de perfil hotelero de cinco estrellas. Me preguntó por ella y le dije: “No pudo conciliar”. Cuando tuvo familia se tuvo que retirar, no pudo conciliar su trabajo con la vida personal. Esto es lo que sucede: llega un punto en que tiras la toalla, y eso el hombre no lo tiene. El hombre no puede tirar la toalla, el hombre viene programado en su ADN para luchar de una forma permanente hasta el final, mientras que la mujer hay un momento determinado en el que se plantea la opción. No deberíamos hacerlo, no deberíamos vernos en esa tesitura de dudar si me retiro o no. No tiene sentido y sin embargo lo hacemos, porque el coste es muchísimo mayor para nosotras. Sigue siéndolo.

 

¿Qué es el Happy Aging? ¿Cómo se “descumplen” años?

Llevaba tiempo queriendo trasladar, de una forma que no fuera frívola, cómo hay que ir encajando en los zapatos del tiempo, cómo encajar el paso del tiempo por nuestra vida. Yo siempre he sido bastante pudorosa, pero me daba la sensación de que cuando las mujeres me decían esa frase un tanto frívola de “¡Ay, qué bien te mantienes!” y “¿Qué haces para estar así?”, creen que les vas a contar las cremas que utilizas o si te has hecho tropecientas mil operaciones, que yo me río. Por ejemplo, una amiga vino a verme este verano y me dice: “Tú te has inyectado algo en la cara”. ¡Yo qué me voy a inyectar! Te digo lo que me he inyectado: ¡Cinco kilos! Cinco kilos que he engordado este año, desde enero. Pero he engordado esos kilos y he tomado la decisión de no perderlos, porque eso también es aceptar el paso del tiempo. Cuando el paso del tiempo te deja algo por dentro muy bello, muy hermoso, tienes la convicción de que no te cambiarías, y lo digo con la mano en el corazón: yo no me cambio por la Teresa de 30. A lo mejor me cambiaría por el hecho de tener más tiempo para sacar adelante mis proyectos, pero yo no quiero el físico, ni la cara, a mí me gusta lo que hay ahora y lo que he logrado a lo largo de mi vida.

Yo quería trasladar todo eso de una manera sutil, contando que para mí cumplir años, eso que se llama “aging”, es “happy” (feliz), ¿y por qué lo es? Pues porque trabajo lo que yo entiendo que es el abanico de salud que tiene el ser humano: la salud física, por supuesto; la salud emocional, la gestión de las emociones es muy importante; la salud espiritual, a la que se le da poca importancia y que para mí es muy interesante, y la salud social y mis relaciones. Cuando se trabajan bien, haciendo un tejido entre todas, logras eso que se llama “Happy Aging” (www.teresaviejo.com/happy-aging/). Ese es mi proyecto a medio y largo plazo, trasladar a quien me sigue mi filosofía.

Mientras llueva” es tu última novela y una lectura perfecta para el invierno. ¿Qué historia explicas en ella?

Los lectores van a encontrar ese aliño que me gusta tanto cuando escribo, una mezcla de misterio clásico, de casa encantada, puertas que no se abren, objetos que aparecen y desaparecen… También secretos familiares, muchas dobleces en la vida de los personajes, que no sabes si son buenos o malos, si ocultan algo positivo o negativo o la llave para que mi protagonista pueda salir adelante, y amores muy a contracorriente; me gustan mucho los amores pasionales y en particular los triángulos amorosos, no lo puedo evitar, aquello de que “tengo que dirimir entre uno y otro”, y protagonistas que son heroínas, que tienen que luchar contra todo y contra todos para sobrevivir. Y un paisaje muy rotundo. Me gusta crear atmósferas que parece que han existido. Creo que es una novela de invierno. Yo cuando escribo tengo un primer proceso de inmersión y, aunque no siempre se puede, me gusta escribir según la estación. Si en la historia hace frío y llueve me gusta que llueva a través de la ventana. Yo escribo en mi casa, delante de un ventanal, veo pasar las estaciones a través de esa ventana y me cuesta mucho, si hace mucho calor, escribir sobre el invierno. Soy muy maniática cuando escribo.

¿Con qué aficiones, pasiones y personas disfruta Teresa Viejo?

Soy muy lectora, ando siempre leyendo. Dedico mucho tiempo a cosas que me dan paz, como hacer yoga, andar para pensar… ahora me ha dado por ver series de principio a fin, del tirón. Tengo un ocio social en el sentido de que me gusta mucho juntarme con mis amigas, picar algo y hablar de la vida y del amor y de las cosas. Bueno, y mi pareja, que también es parte de mi ocio, pobre (risas).

Este año también has vivido una aventura solidaria muy especial: tu viaje a Senegal con UNICEF. ¿Cómo ha sido la experiencia?

A mediados de septiembre viajé a Senegal, fue mi primer viaje al terreno después de 15 años como embajadora de UNICEF. Fue muy emocionante. Visité un hospital de atención primaria en desnutrición infantil, proyectos de higienización, proyectos de trabajo para las mujeres… Conozco perfectamente UNICEF, pero no había ido al terreno, no había puesto cara a esas experiencias. Para mí fue difícil y duro en algunos momentos, pero estaba deseándolo. Ha sido uno de esos viajes que te cambian la vida.

Teresa Viejo en su viaje a Senegal como embajadora de UNICEF. Foto de Bruno Demeocq

 

Historias sin parar

Teresa Viejo (Madrid, 1963) multiplica éxitos en todos los medios, tal vez por eso le cuesta elegir solo uno. Licenciada en Periodismo y Sociología, su carrera empezó en la radio musical. Fue una de las voces más conocidas de Radio Vinilo, se incorporó a “Las mañanas de Hermida” (TVE) y el gran público la descubrió en “Rockopop”, programa musical que presentó junto a Beatriz Pécker entre 1988 y 1991. De la música pasó a las tardes de TVE con el programa “Pasa la vida” de María Teresa Campos, y en 1993 condujo “El Primijuego” en La 2. Entre 1997 y 1998 presentó junto a Manuel Torreiglesias el programa “Saber Vivir”. El cambio de siglo le trajo nuevas oportunidades y formatos, como el espacio “Tal como somos” en Castilla-La Mancha TV, el programa de investigación “7 días, 7 noches” en Antena 3, el reality “Cambio radical” o los magacines “Cerca de ti” y “Madrid barrio a barrio”. En prensa escrita, Teresa ha trabajado para Diario Ya, ha hecho entrevistas políticas para la revista Man y ha sido directora de la revista Interviú de 2002 a 2004, convirtiéndose en la primera mujer al frente de un semanario de información general en España. En radio ha trabajado en Antena 3, Zeta Radio y ABC Punto Radio. Desde 2013 dirige “La observadora”, que se emite los sábados y domingos a las 23:30 h en Radio Nacional. También ha triunfado como novelista. Es autora de “La memoria del agua” (Martínez Roca, 2009, adaptada por TVE como miniserie), “Que el tiempo nos encuentre” (Martínez Roca, 2013) y “Mientras llueva” (Espasa, 2015). En 2016 regresó a Televisión Española con “Dime qué fue de ti”, un programa centrado en los recuerdos y las historias del pasado que obtuvo un gran seguimiento. Teresa también ha creado el blog “Happy Aging”, una plataforma para vivir con armonía el paso del tiempo: “Happy Aging representa toda una declaración de intenciones: ahora toca descumplir años”. En la biografía de esta mujer curiosa, empática y espiritual no podía faltar la solidaridad: es embajadora de UNICEF y de la Fundación A Víctimas de Tráfico.

www.teresaviejo.com/happy-aging/

@TeresaViejo

Mientras llueva” (Ed. Espasa, 2015), de Teresa Viejo. PVP: 19,90 €. www.planetadelibros.com

 

Conjuntada y cómoda

“Me entusiasma la moda íntima, hasta el punto de que soy bastante caprichosa y algo maniática: suelo coordinarla con el color de la ropa y siempre uso conjuntos. No me agrada usar un sujetador y una braguita desparejados, por eso, si el modelo me gusta mucho, tengo varias braguitas iguales. Me atrae el color más que los estampados, y me gustan arriesgados: los azules y los grises son mis favoritos. No obstante, tengo problemas para conseguir lo que deseo porque mi copa es elevada y, en cambio, de contorno soy muy estrecha. Hasta que aprendí cuál era mi talla fue un lío y no todas las marcas tienen mis medidas porque no son nada estándar. Me gustan Lise Charmel e Intimissimi. En cuanto al resto de la lencería, siento no dar mucho juego: apenas uso ropa para dormir. Me gusta el contacto de las sábanas en mi piel, incluso en invierno. Y para estar en casa me encanta la ropa que uso para practicar yoga o meditar: algodón en tonos grises. Necesito sentir que la ropa de descanso es una prolongación de mi propio cuerpo. Escribo con ropa cómoda: pantalones de algodón y algún jersey de lana viejo. El cashmere es mi tejido favorito”.

 

 

 

 

 

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