Os presentamos a un nuevo colaborador de este blog, que ya conoceréis si sois lectoras de INTROVERSION: nuestro Enfant Terrible, alter ego de David Q. Amador. A partir de ahora, también en este blog, nos ofrecerá una visión del universo femenino desde más allá de nuestras fronteras de género, teñido de un sarcasmo voluntariamente poco sutil; vamos, una sección sólo apta para mujeres con sentido del humor, la cara amable de la inteligencia. Pero dejemos que él mismo se presente.

Momento de tregua en la eterna guerra de los sexos, con Janmen

Momento de tregua en la eterna guerra de los sexos, con Janmen

Aviso: he recibido el encargo de resultarles todo lo impertinente que pueda a las lectoras. No es que sea un misógino vocacional, pero reconozco que me gusta bravuconear con el machismo y la dichosa guerra de sexos.

Con la que está cayendo hoy en día con el tema de la violencia de género, en estos tiempos de corrección política (de la que confieso que empiezo a estar un poco harto), parece una verdadera temeridad embarcarse en una sección basada en tocarles un poco las narices a las lectoras, máxime cuando esta revista, a priori, no parece el soporte más adecuado para esta clase de contenidos. Pero así lo han querido sus promotores, seguramente con la sana e inteligente intención de desmarcarse del tono convencional de publicaciones similares y, de paso, sacudirles un poco el abotargamiento hedonista con el que se han regalado hojeando las páginas de moda. Y, como a cualquier hijo de vecino con un punto de exhibicionista y payaso, no voy a desaprovechar la oportunidad que se me brinda.

En realidad, yo nunca podría considerarme misógino, si nos atenemos al significado histórico y filosófico del término. Los misóginos consideran a la mujer como un ente aberrante al cual hay que rechazar, adoptando, en consecuencia, una vida basada en el celibato. ¡Uf! nada más lejos de mis intenciones. Les aseguro que yo no podría vivir sin mujeres. Pero, qué le voy a hacer, ante un público femenino, tengo una irrefrenable inclinación por recurrir a las bravatas supuestamente machistas. Para mí, todo el lenguaje hiperbólico asociado a la cuestión de los roles y los estereotipos entre hombres y mujeres me parece un sano divertimento, un modo inocuo de utilizar las palabras y, de paso, restarles cualquier atisbo de solemnidad.

¿Firmamos el armisticio?, por Punto Blanco

¿Firmamos el armisticio?, por Punto Blanco

Reconozco que en más de una ocasión, esta actitud me ha reportado reacciones displicentes por parte de algunas mujeres (del tipo de personas con más bien poca cintura), que me han mirado como un bicho raro o como un cretino salido de una cueva. Pero también es cierto que muchas otras mujeres son capaces de reírse con el tono grotesco de mis bravatas hipermachistas, hasta el punto de que mi “logorrea” me ha reportado algún que otro éxito en mis lances de conquista. Ciertos estudios sociales afirman que ustedes son capaces de apreciar, más allá de la inevitable fachada física, el sentido del humor en los hombres. Pero ¿no será que, a pesar de siglos de evolución social y cultural, y de la pátina de sofisticación que impregna las relaciones actuales entre hombres y mujeres, éstas todavían se sienten atraídas por tipos con un punto de macarra y chulillo -aunque sólo sea a título de pose-, como un residuo ancestral del liderazgo de los machos más fuertes entre las hembras en los grupos de mamíferos superiores?

Por favor, ríanse de sí mismas

Así pues, espero que el humor desinhibido presida esta sección. Intentaré, a partir de ahora, desgranar, de un modo desenfadado, los insondables enigmas del comportamiento femenino, y todos los lugares comunes que en nuestra sociedad transitan las relaciones entre hombres y mujeres. En todo caso, créanme que tengo las espaldas bien cubiertas: si les vence el enojo e inundan el correo electrónico de la redacción con feroces diatribas contra mi persona, me sentiré halagado, pues nada reconforta tanto a un escritor como que hablen de él, aunque sea para ponerlo a parir. Si, en cambio, deciden ignorar con condescendencia mis payasadas, me alegraré también por ustedes, porque habrán demostrado algo que no se estila mucho en estos tiempos de zozobra: que saben reírse de sí mismas.

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