La puedes ver en la televisión, en la serie Élite, que emite Netlix desde octubre 2017 y que tiene segunda temporada, o la habrás visto en el cine, con su última película Alegría y Tristeza, de Roberto Álamo, o quizás has tenido la suerte de ver su carácter interpretativo a través del personaje de Doña Dolores, que ha realizado en la obra Las bicicletas son para el verano… Rocío Muñoz-Cobo (Madrid, 5 de abril de 1971) está viviendo un momento dulce como actriz. Que le dure mucho, porque esta mujer se lo merece.

Por Mercè Quesada Amador

Fotos: Cuco Cuervo, Jesús Romero y Tony Matey

 

Rocío Muñoz-Cobo. Foto: Cuco Cuervo

 

Rocío Muñoz-Cobo me recuerda a Charo López, a Terele Pávez… Mujeres con carácter y con una fuerza interpretativa tremenda. Esos ojos verde musgo, perfilados en negro, que te hunden en la pared si mientes… Una actriz de rompe y rasga y todo un bellezón por mucho que ella diga que su físico ahora no se lleva. Elegante, guapísima y carismática, se pasea por las redes sociales de manera activa, divirtiéndose, pero también sabiendo muy bien qué imagen mostrar. Durante la entrevista su espontaneidad y su naturalidad reflejan un carácter valiente y decidido. Rocío Muñoz-Cobo es una mujer culta, que remueve cielo y tierra para trabajar como actriz, pero a la que siempre le han apasionado muchas otras cosas porque tiene ansia de aprender y experimentar. Ha sido un absoluto placer conversar con ella. Aquí la tienes.

 

– v: Una mujer que se licencia en Derecho, que iba para criminóloga y que de repente se da cuenta que lo de estar en un despacho no va con ella… ¡Después de haber hecho la carrera!

– RM: ¡Bueno, la carrera y dos másteres! Yo siempre he hecho un poco de todo. En la época en la que estaba estudiando Derecho también hice mucha publicidad y presentaba programas de televisión, aunque empecé como azafata de público. Todo ha ido in crescendo, sin golpes bruscos. Yo estudié la carrera a la vez que hice, por ejemplo, El Semáforo, 40 Principales… Mi ilusión de pequeña era ser criminóloga, yo no quería ser actriz. Empecé a estudiar y cuando estaba a punto de acabar la carrera me di cuenta de que el Derecho Penal de este país no era mi favorito… Dejémoslo ahí. Estudié dos másteres intentando alargar la situación porque yo veía que aquello no iba a ser lo que a mí me gustaba, pero cuando terminé acepté que la carrera de Derecho me encantaba en mi cabeza, pero no implementada. Estuve acompañando a un abogado de oficio y comprobé que había cosas que no me gustaban tanto y que no quería dedicar mi vida a eso. Lo de entrar en Arte Dramático fue dar continuidad a la otra estela, porque yo había hecho muchos anuncios y había presentado programas. Con 26 años entré en la escuela de Arte Dramático Estudio de Juan Carlos Corazza y también entré a probar, porque no sabía qué quería hacer con mi vida, pero en cuanto llevaba un año ya tuve claro que la interpretación era mi otra vocación.

 

– v: Yo soy periodista pero también soy otras cosas y a veces me preguntan: “¿Pero cuándo elegirás?” y yo contesto que “no sé, que no quiero elegir”…

– RM: Es que en este país cuesta mucho entender que una persona pueda hacer varias cosas a la vez. Les cuesta entenderlo… Yo acabo de estudiar un máster de Coaching  y Programación Neurolingüística (PNL), también he estudiado durante cinco años astrología… A mí lo que más me gusta es estudiar, y justamente he escogido una profesión en la que hay que estudiar bastante, con lo cual estoy muy contenta.

 

– v: ¿Y por qué le gusta tanto estudiar?

– RM: Hay algo en esa liturgia de la soledad, la mesa, el libro, los apuntes, las gafas (¡antes no, pero ahora sí!), el té, la vela… Hay algo mágico en ese momento. Además, sigo estudiando en la mesa donde estudié la carrera ¡y mi abuelo, Medicina! Es una mesa muy pequeña, de madera, en la que sigo trabajando.

 

– v: ¿Su carrera de letrada le ha ayudado en su faceta como actriz?

RM: ¡Imagínate! Durante toda la época en la que intervine en la serie El Comisario, cuando alguien preguntaba: “¿Pero qué es un habeas corpus”? y yo explicaba: “Mantener al otro durante 72 horas a disposición judicial….”. La carrera de Derecho está en todas partes… O cuando un amigo dice: “Voy a dejar el barco aquí” y yo le digo: “Según la Ley de Arrendamientos de Costas no puedes dejarlo aquí porque, bla, bla, bla…”. Menudo cachondeo… El Derecho está siempre en mi vida, y además me gusta mucho decir que he estudia- do la carrera porque la gente se sorprende. Hay gente que por el hecho de que seas actriz, o porque tengas un físico determinado, se espera que seas de una manera u otra, pero lo último que se imaginan es que seas licenciada.

 

– v: La formación de Arte Dramático ¿resulta imprescindible para defender los personajes?

RM: Yo soy profesora de dos escuelas y tengo dos grupos bastante Uno ya está terminando y tengo otro de niños profesionales, es decir, niños que con diez años quizás tengan hechas más películas que yo, pero que no han tenido tiempo para estudiar la carrera, obviamente. Yo les ayudo introduciendo la técnica. Lo que puedo decir es que ellos, que ya han trabajado sin técnica para actuar, cuando se la explico, dicen: ¡Anda, qué fácil! Como todo, hay un estudio. Si hay un actor que no quiere estudiar, lo respeto; lo irá descubriendo poco a poco, quizás realizando algún seminario… Lo que no puede ser es que haya un actor que no conozca la historia universal del teatro y del cine. Eso es impensable. Sin embargo, hay nuevas generaciones de actores que están saliendo y no han oído hablar de Lorca, Shakespeare, Chejov… Eso no debería ocurrir. Hay que for- marse, en lo que sea, y de manera profunda. El camino de cada uno es personal, pero que hay que leer y estudiar, eso, seguro. Otra cosa es que tú quieras hacerlo por tu cuenta y no meterte en una escuela, pero resulta imprescindible escuchar a los que saben del medio.

 

– v: Su físico, ¿le ha ayudado?

RM: Muchísimo. A finales de los 80, cuando yo tenía 18 años, aún se llevaba mi físico, todavía no habían llegado las Kate Moss En aquella época pude hacer muchísima publici- dad. Y cuando digo muchísima es que me pude comprar una casa… También viajé mucho por el mundo, estuve en rodajes internacionales… Entonces el físico me abrió muchísimas puertas. Luego, igual que en aquel tiempo me las abrió, posteriormente me las cerró. “¡Uy, no, no, Rocío para el papel de la peluquera no porque es muy guapa…!” ¿Es que las peluqueras no pueden ser guapas?

 

 

 

– v: Tiene una explicación… Se come la cámara…

RM: ¡Pero para eso está el trabajo actoral! He hecho en Las bicicletas son para el verano, el personaje de la madre, que es una mujer del Madrid del 36 absolutamente anodina, pero ahí está cómo afrontas el personaje. He hecho trabajos de los que he enseñado fotos donde me han preguntado si era yo, porque no me reconocían. Y yo siempre contesto: “Sí, soy yo… ¡trabajando!”, con ayuda de maquillaje, de peluquería, encarnando la mirada, el sentir… El físico es un medio. Luego están los trabajos.

 

– v: ¿Qué opinión le merecen los programas actuales de la televisión, usted que ha presentado varios?

RM: Yo ya no veo tele. O muy poca, porque cuando la veo no doy crédito a muchos programas que hay actualmente en la parrilla. Al público hay que educarlo. De la misma manera que todos cantamos la canción del verano, podríamos estar cantando a Vivaldi, si nos lo pusieran por la radio y la tele todo el día. O igual que estamos hablando de Operación Triunfo o de Gran Hermano, podríamos estar hablando de otros pro- gramas. El cuerpo se acostumbra a lo malo porque es lo que viene fácil y nos mantiene atontados, pero la televisión pública que pagamos todos debería ser, por los menos, formativa.

 

– v: Estrenó serie en Netfix, Élite, el día de su cumpleaños, han anunciado ya segunda temporada de esta serie y recientemente han finalizado la gira teatral con Las bicicletas con par el Dulce momento, supongo…

RM: Sí, y estoy a punto de iniciar otra serie de la que aún no puedo avanzar nada… Sólo puedo decir que hago un personaje fantástico y que se emitirá en una televisión nacional… Compaginaré las dos series, Élite y la nueva, durante todo el 2019. Ha habido años muy complicados para muchos actores. Yo, afortunadamente, he tenido el teatro y la docencia, con lo cual he podido sobrevivir haciendo mi profesión, pero es cierto que ahora estoy en esos momentos que deseas duren mucho tiempo.

 

– v: Ha dicho: “Las actrices ganamos con la edad, aunque algunos se empeñen en apartarnos”. ¿La han querido apartar de algún proyecto?

RM: No es que me quieran apartar, es que en lo audiovisual cada vez hay menos papeles de mujeres maduras interesantes. Yo tengo 47 años y los quiero contar. Yo quiero contar la premenopausia y todo ese mundo físico, mental y emocional que tienen las mujeres entre los 45 y los 50 o más. Lo que quiero decir es que hay pocos papeles de mujeres de mi edad, que hay mujeres con mayor recorrido profesional que yo que los acaban haciendo, y hace tiempo que me pasa que me encuentro con papeles que no tienen un recorrido interesante. Hago papeles que son el apoyo del protagonista, pero en cualquier caso trabajo, porque tengo muchas amigas actrices de mi edad que están en el paro ya que no hay papeles de mujeres maduras. Es como si no existiéramos, como si nos hubieran ninguneado… Pero en la literatura existen, y en el teatro también. Ahí, en el teatro, no hay problema. Hay muchos y son muy interesantes. Pero eso no pasa ni en el cine ni en la televisión. Así que yo digo que las mujeres ganamos con la edad: ganamos una mirada más profunda, la voz se hace más grave, contamos cosas más interesantes… pero no tenemos cabida. Y eso es por una decisión machista que no es más que el reflejo de lo que es la sociedad.

 

Foto: Tony Matey

 

– v: Las redes sociales y el universo digital han transformado radicalmente lo social. ¿Cómo afectan a su carrera? ¿Suponen un estrés o le divierte? ¿Qué uso hace de ellas?

RM: A mí me Si me suponen un estrés será por minutos, más allá de lo que me supone el Whatsapp. Las redes sociales no me han supuesto nunca un problema y me gusta mucho la respuesta. He encontrado amigos, profesionales… Me han generado ocasiones de conseguir trabajos. Estoy contenta con ellas, pero me preocupa que vivimos pegados al teléfono. Somos mejores personas por teléfono porque es un mundo “fake” del que hay que saber y asumir que es mentira. Si lo sabes, no pasa nada. El problema es que te lo creas todo. Instagram, por ejemplo. Hace tiempo que mi web tiene muchas menos visitas que mi Instagram. Así que para mí este canal es como una web que se actualiza continuamente. Cuento mi vida como actriz. Si tú empiezas a meterte en otros terrenos… Cada uno debe poner sus límites. Los límites que les hagan felices. Ahora mismo hay dos mundos: el real y el de internet, y cada uno debe saber cómo se desarrolla en uno y qué puede hacer para desarrollarse mejor en el otro.

Puedes seguir a Rocío Muñoz-Cobo a través de Instagram y Twitter: @rociomunozcobo

 

 

Rocío, íntimamente

Foto: Jesús Romero

– v Introversion es una revista femenina que cuando habla de moda lo hace de moda íntima. ¿Le gusta la lencería? ¿Qué espacio ocupa en su vestuario?

RM: Yo necesito comodidad. Mucha. Si unas bragas son preciosas pero no las siento cómodas, porque me pi- can, me molestan, me aprieten…, no puedo con ellas, las deshecho. Necesito ropa de algodón, que esté bien hecha, que aguante y que esté bien confeccionada. Pero a la hora de trabajar y de preparar un personaje, aguanto lo que sea. Yo tengo mi ropa de trabajo muy funcional, pero para trabajar, me pongo lo que el equi- po de estilismo considere que debe llevar el personaje que he de defender.

 

 

 

Cinco pasos hasta Rocío

1 Qué echa de menos de tiempos pretéritos

Del “hubiera”… Cuando era jovencita me ofrecieron trabajos de actriz cuando todavía no había hecho Arte Dramático y no los hice por miedo. Y me arrepiento. Son cosas laborales… Bueno… ¡Y algún que otro chico que me invitó a cenar y no quise ir, también por miedo… y hubiera tenido que ir! Para mí los “hubiera” son algún que otro hombre y algún que otro trabajo. El resto creo que lo he hecho todo.

2 Qué le divierte

La gente.

3 Qué le aburre soberanamente

La mediocridad… Mucho…

4 Qué pide para el 2019

Salud y suerte, del resto ya me ocupo yo…

5 Qué le alegra dejar del 2018

No tengo sensación de nada malo, pero sí me alegra dejar atrás la falta de esperanza que tenía yo en el trabajo de actriz, que arrastraba del 2016 y 2017. El 2018 me ha hecho darme cuenta de que hay muchas posibilidades.

 

 

 

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