Reyes Monforte, autora de La memoria de la lavanda (Plaza & Janés, 2018)

Fotos de Paco Navarro

Lena es una fotógrafa. Con su objetivo encuadra retazos de memorias, que es lo que son las fotos. Pero ha dejado de fotografiar. De hecho, hasta respirar le cuesta… Su marido, su alma gemela, ha fallecido hace dos meses y pocos días. Ahora debe regresar a Tármino (población imaginaria ubicada en La Alcarria que tiene en Brihuega su inspiración) para cumplir con su última voluntad: esparcir sus cenizas en el mar de los campos de lavanda que ondean en pleno mes de julio. Esos campos que tanto le han recordado a la autora, la periodista y escritora Reyes Monforte, el mar Mediterráneo que adoraba su esposo, el actor José Sancho. La memoria de la lavanda (Plaza & Janés, 2018) es eso, el recuerdo que duele, el recuerdo que ahoga, el que está en todos sitios: en el aroma, en la luz, en las fotografías… El recuerdo, que al final, tienes y comprendes como tu mayor tesoro. Y también es un viaje de vida de gran belleza.

 

Éste libro no es la historia de la pérdida que sufrió su autora, Reyes Monforte, al morir su marido. “Eso hubiera sido muy fácil”, ha expresado en algunos medios. Pero sí bebe de su experiencia. Sólo una persona que ha sufrido la pérdida de un ser amado puede expresar de manera tan cristalina y certera el proceso de duelo, en algunos casos incluso con precisión quirúrgica. La memoria de la lavanda es una novela-homenaje a su amor, a lo que la vida le obligó a dejar atrás y a lo que la vida le pone por delante. Y también es un homenaje a sus amigos, a su círculo más íntimo, y a cómo se gestionan las ausencias y los rencores. Está llena de sabiduría vital, de poesía, pero también de dolor. Se trata de un libro que marca un recorrido vital paralelo: el de la protagonista, Lena, y el que ha hecho Reyes. Ella, al final, tuvo que ponerse a escribir para sentarse frente a sus fantasmas. Los ha mirado cara a cara y sí, la vida, aunque te parezca odiosa, te rodea. A ver cómo lidias con eso. Ella lo ha hecho y ha escrito sobre ello cuando ha estado preparada.

 

¿Cuando finalizó este libro supuso un punto de partida?

Yo lo escribí en modo novela y es verdad que habla mucho de cómo se gestiona una pérdida, pero la escritura es un trabajo y al trabajo hay que ir con los cinco sentidos, a mí no me ha servido como terapia. Yo, cuando me puse a escribir el libro, ya estaba preparada para escribirlo; lo intenté muchas veces, no pudo ser, y ¡ya sabes! en la vida, las cosas pasan cuando tienen que pasar, las buenas y las malas, pero encontré el momento para escribirlo y cuando lo acabé me quedé muy a gusto. Ha sido un vaciarse para luego llenarse, y eso lo he compartido con muchos de mis lectores.

 

¿Qué le hizo llamar Lena a la protagonista y Jonas al amor perdido?

No hay ninguna razón especial… Los dos nombres me gustaban, pero no tienen ningún significado especial. Jonas es así, y no Jonás, porque para mí suena mejor… En el libro en ningún momento aparece con acento, pero mucha gente le llama Jonás.

 

¿Qué es lo que más le gusta de Lena?

Que tiene claro que lo más importante que hay en la vida es amar y ser amado. Y que le compensa haber conocido y amado al amor de su vida aunque lo haya perdido, porque hay mucha gente que pasa por la vida sin ese privilegio, sin saber qué es realmente amar y ser amado.

También me gusta su fuerza, que sigue adelante por muy profundo y largo que sea el túnel en el que se ha metido o en el que la vida le ha empujado tras la pérdida que ha sufrido. Continuas aunque duela y al final siempre tienes una luz, si bien al principio no creas que la pueda haber, ni que la puedas ver, ni alcanzar.

 

A Lena le fastidia mucho cuando le dicen: “Tienes que reconstruir de nuevo tu vida”. Ella considera que tiene que hacer una nueva vida, porque la anterior no necesitaba reconstruirla, ya la tenía y era muy feliz con ella. Utiliza, incluso, una alegoría en la que se siente viviendo en el piso de en frente y viendo su antiguo hogar. ¿A usted le ha pasado lo mismo? ¿Vive en el piso de en frente desde donde ve la antigua casa?

A mí, y a cualquiera que haya tenido una pérdida le han preguntado o se ha preguntado a si mismo: “¿Esto se supera algún día? Y yo siempre digo lo mismo, y la propia Lena también lo dice: No se supera, pero tienes que vivir con ello. Es verdad que al principio los recuerdos, las vivencias te ahogan, te hacen sangrar. Tienes miedo de volver a los lugares que estuviste con esa persona que has perdido porque no sabes si te va a doler… Al principio es así, pero con la perspectiva del tiempo son recuerdos lenitivos. Lo emocional, que duele tanto al principio, es lo que posteriormente te da la gasolina para seguir adelante. Somos muy diferentes entre nosotros, pero la mochila emocional nos iguala a todos.

 

 

Tenemos miedo al silencio. Es mejor no romperlo si lo que vas a decir no ayuda…

Absolutamente. Las frases de pésame son las palabras en su estado más estéril… El que las dice sabe que no va a consolar, y el que las recibe lo hace lo mejor que puede porque sabe que tiene que recibirlas, que se dicen por mera educación. Es que no se sabe qué decir en esos momentos, no puede decirse nada, pero cuesta quedarse callados, sobre todo cuando ves que la persona que aprecias está sufriendo; la quieres y necesitas decirle algo.

 

¿Cuándo notaste que eras dueña de tu nuevo comienzo?

No tengo sensación de “nuevo comienzo”… Es una carrera de fondo. La vida es una carrera de fondo y en ella hay obstáculos, de repente te caes y debes levantarte. Hay carreras en las que sales convencida de que vas a tener siempre las dos piernas y de repente pasa algo en la vida y te quedas sólo con una… Llegarás al final, pero te costará más y necesitarás más tiempo. No tengo la impresión de nuevos comienzos. Creo que comienzo hay uno y final otro, y entre esos dos puntos pasan muchas cosas… Pasa la vida.

 

¿Se continúa adelante por valentía o por inercia?

¡Uff! La verdad es que no tengo ni idea… Soy más bien de letras que de porcentajes… Depende del día… No hay un decálogo. Una de las cosas que comparto con Lena y con cualquier persona que haya sufrido una pérdida, es que cada uno vive ese duelo a su manera. De la misma manera que cada persona vive a su manera el amor, el éxito o el fracaso. No hay reglas, porque si no sería muy fácil.

 

Pero la novela habla de valentía

Sí, claro, se necesita mucha valentía. Uno de los temas que habla la novela es el del suicidio. Soy de pensar que más allá de lo que te pase en la vida, lo que te va a hacer superar una situación o no es cómo la afrontas. No todos somos iguales y a unos les cuesta más, a otros menos o se sale de una manera u otra. Hay gente que ante un susto se crece y otra que se bloquea, depende de cada persona y nadie se puede preparar, no hay preparación que valga ante eso. Claro que hay valentía… Hay de todo. Con los sentimientos no hay una regla fija. No sabes cómo vas a reaccionar, aunque creas conocerte a fondo.

 

Nuestra sociedad ve el suicidio como un acto de cobardía, pero si se despoja de creencias religiosas o morales, es una claudicación ante una vida que puede parecer sin sentido. Creo que el libro abre la puerta a un diálogo al respecto.

Hay temas tabú. El duelo mismo también lo era. El suicidio es el gran tema tabú. En los medios de comunicación, por ejemplo, había una especie de regla de oro -y sigue habiéndola, aunque menos- que era no hablar mucho del suicidio, por no provocar un efecto en cadena. En una novela se da la oportunidad de abrir debates y que el lector los abra consigo mismo. En el libro hay la idea del suicidio interior, del pensamiento, pero de la idea a la acción hay mucho trecho. Todo el mundo ha pensado de todo en alguna circunstancia determinada.

 

¡Qué es y quién es la familia?

Siempre he creído que la familia es el conjunto de personas que tú eliges que te acompañen a lo largo de tu vida. Es verdad que en ese camino van habiendo bajas y altas… Es una gran suerte que te toque una familia feliz, que te quieran, pero la vida, el cine, la literatura… están llenos de casos que hablan de lo contrario. Si tu caso es el de una familia feliz, aprovéchala, vívela. Y si no, encárgate de crear tú tu propia familia.

 

¿Qué desea que se lleven los lectores de su libro?

Este libro es como una fotografía en la que todos salimos retratados, para bien o para mal, los buenos y los malos… Y por lo que me están diciendo los lectores lo he conseguido, porque se ven reflejados e identifican personas de su ámbito que se parecen mucho a personajes del libro. Con esta novela se produce una empatía con el lector muy fuerte y no sólo con los lectores que han tenido una pérdida. Tiene una carga emocional muy fuerte pero también una trama.

 

 

Rota, resiliente

Reyes Monforte, como Lena, la protagonista de La memoria de la lavanda se rompió un día. Bueno, se rompió un poco antes, cuando supo de la enfermedad de su marido, el amor de su vida, el actor José Sancho. Cuando éste murió, Reyes se rompió del todo. Como puede romperse cualquier otra persona con una historia de amor como la suya; como puede romperse quien haya perdido a un ser amadísimo. Ella es muy consciente de que no es ni la primera ni la última. Pero su experiencia es suya. De nadie más. Necesitó tiempo para recomponerse. Mucho tiempo. Pero como si fuera uno de esos jarrones japoneses que se rompen en mil pedazos que vuelven a unirse marcando las suturas con oro, honrando el pasado y a la vez mostrando su resiliencia, Reyes Monforte aceptó su propia historia. No tuvo más remedio. Ahora, como la protagonista de su libro, atesora, con orgullo, una memoria que la acompaña allá donde vaya.

 

 

Puedes seguir a Reyes Monforte en twitter: @Reyes_Monforte y en Facebook: @reyes.monforte.9

PVP 19.90 € – https://www.megustaleer.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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