Te proponemos un hotel como un destino y desde allí te sugerimos algunas salidas que completarán una estancia de lujo. Este cuatro estrellas, ubicado en Islantilla, en plena Costa de la Luz, en Huelva, te brindará una experiencia vacacional extraordinaria. ¡Bienvenidos al Puerto Antilla Grand Hotel!

 

 

Cuando un hotel se convierte en un destino en sí mismo, ya está todo dicho. El Puerto Antilla Grand Hotel, ubicado en Islantilla (Huelva), entra en esa categoría. Este gran cuatro estrellas, acogedor y con clase es un resort pensado para las familias españolas. Los horarios y las propuestas gastronómicas se ajustan a los gustos españoles y sobre todo a esa necesidad de relax que se supone que tiene cualquier persona que desea pernoctar en unas instalaciones como éstas.

 

 

 

Una gran piscina, y otras complementarias, hacen las delicias de pequeños y mayores. El hotel también cuenta con una zona spa y con gimnasio, además de espacios para el divertimento de los pequeños. Puerto Antilla Grand Hotel está jalonado, además, por amplios y cuidados jardines, en los que puede que encuentres a pequeños camaleones comunes, la mascota del hotel y un representante curioso -y protegido- de la fauna autóctona dunar de Islantilla.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un dato importante que cabe destacar: el personal es encantador. Desde el equipo de recepción, al técnico y de mantenimiento, al de restaurantes y al de animación, todos se muestran siempre dispuestos a ayudar y con una sonrisa. Un hotel totalmente recomendable con unas instalaciones y una decoración propias de una categoría superior.

Otro dato interesante: la privacidad de las habitaciones. La arquitectura del hotel está pensada para que aquellos alojamientos que disponen de balcón no estén expuestos a las miradas del exterior, lo cual es de agradecer si tras una jornada de excursión, por ejemplo, deseas disfrutar de un ambiente relajado en esta zona de tu habitación. La distancia, además, de la calle hasta el edificio subraya esa privacidad y también el confort de este hotel.

 

En Islantilla

Islantilla es una playa mancomunada por los municipios de Lepe e Isla Cristina, en Huelva. Esta mancomunidad fue creada en 1991, con la intención de atraer un turismo de cierto poder adquisitivo y ser un referente del veraneo en la costa andaluza. Su proximidad a Portugal (20 km) hace que turistas portugueses se acerquen hasta este enclave privilegiado no sólo por las instalaciones y calidad del hotel, sino también por sus playas, amplias, largas y bien cuidadas, sorteadas por dunas y vegetación protegida.

 

 

Justamente por esa proximidad a Portugal, si te alojas en el Gran Hotel Puerto Antilla, te sugerimos que cruces la frontera para visitar el país vecino.

 

El Algarve más oriental

Por lo menos un día merece la zona del Algarve más próxima a Huelva. Pasar a Portugal ya es toda una experiencia desde el magnífico Puente Internacional que cruza el río Guadiana y une las dos fronteras, la española y la portuguesa, desde 1991. La autopista lusitana funciona con peajes electrónicos, así que los vehículos extranjeros que no dispongan de ViaT o similar deberán pasar por unos carriles específicos, a la derecha de la salida del puente.

 

Si decides cruzar en ferry, debes hacerlo desde Ayamonte, bonita población onubense donde puedes comer bien de precio en las calles que van a desembocar a la plaza frente al río, punto social y neurálgico de la ciudad. Al cruzar el Guadiana y alcanzar el lado portugués se llega a Vila Real de Santo Antonio, de trazado urbanístico cuadriculado y bien conservado. Pasear tranquilamente por sus calles es hacerlo por un pasado señorial.

 

La población de Faro es la capital del Algarve, zona sureña de Portugal, donde el mar y las marismas laten a un ritmo tranquilo. La entrada por la carretera que se toma desde la autopista puede decepcionar al viajero, porque se pasa por una parte decadente, de trazado urbanístico poco atractivo. Pero al alcanzar el centro histórico, junto al mar, la cosa cambia muchísimo. La Vila Adentro, la que en su momento quedaba entre muros que datan de la época romana, también te dejará ver edificios del siglo XV y posteriores, su catedral, su castillo… El terremoto de 1755 no pudo con las murallas, pero sí con muchos de sus edificios, sin embargo, algunos conservan, orgullosos, paredes del siglo XV o elementos del siglo XI, como la casa que alberga el elegante restaurante Vila Adentro, con terraza, pero bien merece comer o cenar en su interior, con tales retazos de historia.

Catedral de Faro

 

 

Fuera de la zona amurallada también puedes callejear y disfrutar de una ciudad que no está masificada turísticamente. Una buena opción para comer puede ser el restaurante Portas de Sâo Pedro, donde por un menú económico (8,50 €) tienes un plato del día (el arroz de pulpo, delicioso), bebida y café.

 

 

Faro tiene playas a las que puedes llegar en coche o autobús. Están cercanas, pero en esta ocasión te proponemos una visita al Parque Natural da Ria Formosa, un área marismeña natural protegida a la que puedes acceder por barca o caminando. Si lo haces por barca la opción es adquirir un billete en los diversos puestos de venta de diferentes compañías, que realizan recorridos de precios entre 15 y 30 € y de entre hora y media a tres horas, más o menos. Si lo haces caminando, un acceso lo tienes por la Quinta do Marim. Para hallarla, desde Faro tienes que llegar a Olhâo y pasada esta población, de camino a Tavira, encontrarás indicaciones del parque natural. En la Quinta te cobran 2,80 €/adulto (1,40 €/niño). Debes dejar estacionado tu vehículo a la entrada y desde allí realizar un recorrido más o menos circular cuya parte más atractiva es la que toca a las playas. Podrás observar cangrejos, anguilas, patos y otras aves. La zona posee una pequeña laguna de agua dulce que sirve para las aves migratorias, tanto las que se quedan por la zona como las que a su paso hacia el norte de África reponen fuerzas en esta área. El entorno en sí no está demasiado cuidado, más si lo comparas con otras áreas protegidas cercanas, como las del río Odiel o del río Piedras, pero el paseo merece mucho la pena porque la naturaleza que verás es preciosa.

 

 

Laguna de agua dulce

 

Albercas para extraer la sal, de la época romana, en el Parque Natural da Ria Formosa (Portugal)

 

De allí, hacia Vila Real de Santo Antonio hay unos 25 kilómetros. Aprovecha la ruta de nuevo hacia España para descubrir las lenguas de playas caprichosas que el mar crea en esta zona, así como pueblos populares y bonitos como Fuzeta o Tavira, con playas familiares de cristalinas aguas.

 

Playa de Fuzeta, en el Algarve (Portugal)

 

Faro de Fuzeta

 

Ve perdiendo el tiempo entrando y saliendo de los pueblos de este litoral y déjate llevar por tu instinto. Y si te alojas en el magnífico Gran Hotel Puerto Antilla, lo tienes fácil si te ha quedado por ver algo. En media hora vuelves a estar en Portugal para repasar el mapa de tus ausencias.

 

Parque Minero de Riotinto

El Río Tinto y la población de Riotinto muestran al viajero un pasado minero de gran interés etnográfico, natural e histórico. Otra jornada puede emplearse en la visita del Parque Minero de Riotinto, que alberga un museo e incluye también si lo deseas -muy recomendable- la visita guiada a la mina abierta Peña del Hierro, así como un trayecto de 20 km en tren que recorre paralelo el curso del río y te permite ver la zona, y la visita a una casa inglesa del barrio de Bella Vista, en Riotinto, donde se alojaban los directivos de la compañía inglesa que gestionaba las minas.

Museo del Parque Minero de Riotinto y centro de visitantes

 

En el museo resulta especialmente interesante la visita a la recreación de una mina romana. Esta zona lleva siendo explotada desde hace 5.000 años -3.000 años AC los tartesios iniciaron la actividad minera- y se conserva algún vestigio del paso de la explotación en tiempos de la civilización romana. También hallarás un vagón, coche cama, de época, así como elementos ferroviarios, maquetas e información de las épocas de lucha minera.

 

La mina Peña del Hierro, también conocida como Montera de Gossan, es muy interesante. El centro de interpretación ya te da mucha información sobre las actividades de la zona, así como de los materiales que se extraían, entre ellos gossan -formaciones de sulfuro de hierro que pueden contener plata y oro-, pirita y calcopirita, pero, además, la visita guiada te hará disfrutar de esta mina a cielo abierto en la que pasas por una galería y llegas hasta el exterior de la Peña, especialmente interesante también porque contiene el nacimiento del río Tinto, que recibe su nombre por el color rojizo de sus aguas. Se había pensado que el río estaba contaminado por la actividad minera, y que en sus aguas nada vivía debido a dicha contaminación, pero estudios posteriores descubrieron un río lleno de vida, de organismos extremófilos capaces de alimentarse de los metales y compuestos metálicos que albergan las aguas y que están ahí desde hace más de 300 mil años, antes de que la actividad minera comenzara. Estas bacterias son las responsables del pH de las aguas del río Tinto, entre 1,7 y 2,5 (el pH neutro está en 7), por lo tanto, son extremadamente ácidas y con escasez de oxígeno. El dato curioso es que el color del río Tinto se debe justamente a la actividad de la vida que contiene -un río que se creía muerto-, no a los metales y minerales que arrastra, sobre todo sales ferruginosas y sulfatos férricos. De todo ello te informan en el trayecto que realiza el Ferrocarril Turístico Minero, de 20 km, que discurre paralelo al río y muy recomendable.

 

Peña del Hierro

 

 

 

 

Las condiciones de este río y de esta zona son tan únicas y especiales que la comunidad científica la ha denominado “Marte en la Tierra”. La NASA y el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) tienen diversos proyectos y estudios abiertos sobre las condiciones de vida de este río, al que se le atribuyen paralelismos con la posible vida en Marte.

 

Finalmente, no dejes de visitar la Casa, en el número 21 del barrio inglés de Bella Vista. Se trata de un excelente reflejo de la vida y costumbres de la comunidad inglesa que habitó Riotinto, con muebles, enseres y fotografías originales de la época. Pasear por el recinto del barrio también supone un viaje en el tiempo.

 

 

 

 

Aracena, precioso

La siguiente propuesta tiene su punto neurálgico en el pueblo de Aracena (a unas dos horas del Puerto Antilla Grand Hotel). Aunque un poco alejado del alojamiento, vale la pena visitar este blanco, cuidado y bonito pueblo que da nombre a una sierra que hay que recorrer para sentir el latido de la dehesa onubense. En el pueblo, además de callejear y llegar hasta lo alto del cerro, coronado por un castillo y una iglesia de estilo gótico-mudéjar, no puedes obviar su tesoro: la Gruta de las Maravillas. Si se le llaman así es por algo: son absolutamente maravillosas y sorprendentes. De visita obligada. Consejo: compra las entradas con antelación porque el acceso está restringido a 1000 personas al día. La visita es guiada.

 

Vista panorámica de Aracena desde el castillo

 

Castillo de Aracena

 

Entrada al recinto del castillo, en Aracena

 

 

Entrada a la Gruta de las Maravillas. No dejan hacer fotos ni videos en su interior

 

En Aracena puedes comer el restaurante La Rábida, una casa de comidas familiar, a escasos metros de la zona de la gruta, donde te sugerirán una carta o un menú de comida típica de la zona a un precio muy asequible.

Tras la comida, encuentra tiempo para visitar algunos los pueblos de la zona y por sus bosques. La calma parece que viva alojada allí de manera eterna.

 

Iglesia de la aldea Corterrangel, de Aracena

 

Y estas son las tres propuestas que no excluyen otras, como recorrer la Costa de la Luz, desde Isla Canela, preciosa y extensísima playa de Ayamonte, donde la entrega del río Guadiana al mar dibuja cada día un entorno diferente, hasta el Parque Natural de Doñana, limitando con el Guadalquivir, pasando por los entornos naturales del río Piedras o del río Odiel, visitando enclaves históricos como Niebla, La Rábida, Palos de la Frontera, Moguer… O pintorescos, como el pueblo del Rocío… Huelva es infinita, por eso, tómatela con su calma, porque ella, lo que quiere, es que vuelvas. Y para descansar, tu destino: el Puerto Antilla Grand Hotel.

 

 

 

 

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