De aquella prueba que hiciera para una serie de televisión ocultando de quién era hija, a la Montse Pla de hoy hay un camino recorrido con cuidado que la ha llevado a ser una actriz que convence y que siente el escenario como el hogar al que siempre volver. Por solucionar están algunas metas profesionales a alcanzar y la barrera racial, que en España hace que cualquier actor que no sea blanco tenga que interpretar básicamente papeles de emigrante.

Montse Pla. Foto de Danniel Rojas

Tenía nueve años cuando conoció a su madre adoptiva. Y fue un flechazo. Es lo que pasa cuando hay y se le ponen muchas ganas. Pero con ese encuentro no solo se pactó una relación de amor de por vida. También empezó otra historia de amor, esta vez con una profesión, con un destino que quién le iba a decir a ella que estaba ahí, listo para escribirse. Montse Pla es actriz, pero es que lo suyo estaba cantado. Acompañaba a su madre, la actriz Beatriz Pla Navarro, conocida artísticamente como Beatriz Carvajal, a ensayos y actuaciones, la observaba trabajar… Bien pensado, podía haber salido por la tangente y dedicarse al mundo del “vete-tú-a-saber-qué”, también es cierto, pero seguramente el respeto, la pasión y la consideración que su madre muestra y demuestra ante su profesión debió crear escuela. “Supongo que era inevitable teniendo en cuenta que he vivido el mundo del teatro y la televisión desde muy pequeña. El ambiente de los camerinos, ver las funciones entre bastidores, escuchar a mi madre repasar el texto o preparar los personajes… Todo eso lo viví de un modo muy natural y supongo que mi naturaleza ha acabado necesitándolo como el aire que respira para ser feliz”, dice Montse Pla, y añade: “Además, siempre he sido muy payasa y un poco dada a la fantasía, así que la combinación de todos esos elementos me dejaba pocas opciones: Era actriz o me dedicaba a algo relacionado con el mundo de la ficción. A los veintipocos años hice una prueba para una serie de televisión en la que trabajaba mi madre, “Compañeros”, sin decirle nada a ella y sin comentar al director de casting que era hija de Beatriz. Me eligieron y tardaron en enterarse de quién era hija, ya que decidí que mi apellido artístico no fuera igual al suyo”. Beatriz Carvajal cambió su apellido real por el de los escenarios cuando inició su carrera porque su padre, por entonces, era abogado del Sindicato Nacional del Espectáculo y no quería ser acusada de valerse de esa posición para conseguir trabajos. Y ahí está Montse Pla sobre los escenarios. La entrevistamos cuando participa del elenco de la obra de teatro “Los diablillos rojos”, una comedia escrita por Eduardo Galán y Arturo Roldán y dirigida por Francisco Vidal que muestra que hay más locos fuera de los psiquiátricos que dentro. Como dice ella, “la locura es un exceso de realidad que ha desbordado el vaso”.

Texto de Mercè Quesada Amador (@merce_quesada)

Fotos de Danniel Rojas

 

¿Quién es Montse Pla?

Soy una niña grande que, de algún modo, se resiste a perder la capacidad de asombro, juego, espontaneidad y cierta locura, muy sana, que me hacen la vida mucho más divertida.

 

Con 37 años, ¿cómo ve la vida?

Como una aventura llena de oportunidades… Siempre busco el lado positivo de las cosas. Tengo una tendencia natural a sobrevivir y a levantar cabeza ante cualquier adversidad.

 

Montse y Pla… Hubiera jurado procedencia catalana, sin embargo es madrileña. ¿Cómo se ve el resto del país desde la capital?

Me llamaron Montserrat por la virgen de Montserrat. El apellido Pla es de mi abuelo, José Pla, y su procedencia es valenciana.

Suele ocurrir que la gente que vive en las capitales tiene un cierto desconocimiento del resto del país. Es normal que en la capital a veces nos miremos demasiado el ombligo y desatendamos las necesidades de otras provincias. La riqueza cultural, histórica, gastronómica y de patrimonio de este país y sus regiones es inmensa… Y creo que deberíamos darnos más espacio para descubrir y dar protagonismo a otros sitios.

 

Ha dicho en alguna ocasión: “Mis primeros nervios se los debo a la primera vez que vi a mi madre. Quería caerle bien y parece que lo conseguí”. ¿Qué mochila llevaba ya entonces y cómo ha ido capeando con ella?

¿Qué mochila puede tener un niño de 9 años? A esa edad un niño solo quiere jugar, divertirse y ser feliz… Y eso es justo lo que yo quería cuando conocí a Beatriz.

 

Acompañaba a su madre, Beatriz Carvajal, en las representaciones, le ayudaba a pasar texto. Lo suyo con la interpretación era un compromiso cantado. Si no fuera actriz, sin embargo…, ¿qué podría o le gustaría ser?

Probablemente hubiera tirado por algo que hubiese tenido que ver con el cuidado de animales… Pero hay en mí un lado muy payaso que tiene que ver con la necesidad de expresión y comunicación, y que gracias a la profesión de mi madre he canalizado hacia la interpretación.

 

En la obra que está interpretando, “Los diablillos rojos”, la frontera entre lo que es racional e irracional queda muy difuminada… ¿Qué le ha enseñado esta experiencia? ¿Con qué reflexión se queda?

La idea de que la locura encierra un gran grado de cordura ya aparecía en el Quijote y supongo que es algo muy ibérico. Yo creo que en nuestra función los locos son más cuerdos de lo que parece y los cuerdos, sin embargo, no se comportan con toda la cordura que cabría esperar. Creo que la locura es el resultado de un exceso de realidad que ha desbordado el vaso, nada más. La conclusión es que tras lo que parece locura no hay sino un ser herido que sufre demasiado y que lo que quiere es amor, propio o ajeno.

 

¿Qué actor y qué actriz con quienes haya trabajado le han causado más impacto en positivo?

Voy a barrer para casa, pero no por pura subjetividad. Creo que la trayectoria de ambos avala de sobra los nombres que te voy a dar: mi madre, Beatriz Carvajal y mi marido, Víctor Clavijo, son los profesionales que más me han enseñado y al mismo tiempo me ha impactado verles trabajar. Son una inspiración para mí.

 

Aspira a romper la barrera racial en el campo de la interpretación en España. ¿En qué se concreta esa lucha? ¿De qué manera se está moviendo para concienciar al respecto?

El que a priori no se considere a alguien negro como protagonista en una historia, cuando hay españoles negros, chinos…, es una forma de racismo encubierto, pero no hay mucho que pueda hacer al respecto, salvo hablar de ello cuando se me pregunta… En última instancia, el que se rompa esa barrera no depende de mí sino de las personas que contratan.

 

Es guapa, con figurón y ha sido nominada a unos premios como actriz… ¿Ve alguna mirada de desdén a su alrededor?

Fui nominada a los Premios Ercilla de Teatro por mi trabajo en la función “Razas”, de David Mamet. La nominación en sí la consideré como todo un honor y un premio en sí misma. En cuanto a las miradas de desdén, sí que las he recibido, pero he tenido la habilidad emocional de ignorarlas.

 

 

 

¿Está en el lugar y momento que desea?

Soy plenamente feliz en lo personal. En cuanto al terreno profesional, aún me quedan muchas metas por alcanzar y esa es mi batalla en este momento.

 

A la vida le pide…

Virgencita, virgencita, ¡que me quede como estoy…! Lo único que pido es seguir disfrutando con mis seres queridos y poder vivir de este oficio, que es el mejor que se pueda tener.

 

Buscando la consolidación

Si le haces elegir entre el teatro, la televisión o el cine, Pla contesta rápida: “Teatro, aunque creo que un actor debe estar preparado para trabajar en los tres medios y mi sueño es poder pasar de uno a otro con regularidad”. Ella está muy centrada en dar mayor proyección a su carrera y en ganar visibilidad, aunque no se queja, pues su debut en el teatro no pudo ser mejor: recibió una nominación como actriz de reparto en los Premios Ercilla por su papel en “Razas”, de David Mamet, obra en la que trabajó junto a Toni Cantó, Emilio Buale y Bernabé Rico. Actualmente está de gira interpretando “Los diablillos rojos. Entre locos y cuerdos” junto a su madre, Beatriz Carvajal, Juanjo Cucalón y Sergio Pazos, y ha combinado sus trabajos teatrales con series de televisión como “Compañeros”, “Hospital Central”, “Cuenta Atrás”, “Los Simuladores”, “La que se Avecina”, “El Don de Alba”, “Retorno a Lilifor” o, más recientemente, “Amar en Tiempos Revueltos”. En el cine ha trabajado en producciones internacionales como “La Monja”, dirigida por Luis de la Madrid, “The Kovak Box”, de Daniel Monzón, “Goal II, living the Dream” de Jaume Collet Serra, y recientemente en “Sicarivs, La Noche y el Silencio” de Javier Muñoz, protagonizada por su marido, Víctor Clavijo. También ha trabajado en cortometrajes como “Nada que decir” de Darío Paso, el internacional “A Woman Day Dream”, de la directora Azucena De la Fuente, o el más reciente “África” de Álvaro Iglesias y Rodrigo Rodríguez con el que fue nominada como mejor actriz en los Premios Claqueta-FIDEC 2015.

 

Montse Pla en la intimidad

Casera, apegada a sus seres más íntimos y practicante de yoga, Montse Pla es feliz con cosas sencillas, sin artificios. Le va la esencia. Aquí la tienes.

• Por las mañanas, su rutina es… Desayunar viendo las noticias

• Su comida preferida… Me gusta la comida sana, pero no puedo evitar babear ante algo tan simple como unos ¡huevos con patatas!

• El momento del día que anhela… Ver una película acurrucada en el sofá, con mi marido, tras una buena cena.

• Si se pierde, la encuentro en… Si me pierdo, es difícil que me encuentres… Me encanta vagar por las calles de Madrid, sin rumbo fijo.

• En vacaciones es de mar o de… ¡De mar, de mar! Sin duda, como buena piscis que soy.

• En su maleta de vacaciones, ¿bañador o biquini? ¡Biquini!

• ¿Le gusta la ropa interior? Me encanta la lencería, aunque me cuesta encontrar un sujetador que me quede bien… Mi prenda interior favorita es el tanga.

• A los hombres, por dentro les falta… A algunos, ¡un hervor!

 

Si quieres seguirla a través de Twitter o Instagram: @montseplapla

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