La conocimos como La Teresina de una sitcom que estrenó TV3 en tiempos de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Aquel personaje y la serie, de La Cubana, hizo desternillarse a quienes pudieron verla, quedando como pieza de culto. Aún la gente la llama por su personaje, pero Mont Plans, La Mont, ha pisado muchas tablas desde entonces. Es una actriz como la copa de un pino. Una mujer que ha sabido ir por la vida con alegría y con inteligencia, que ha sumado experiencias para realizar un recorrido vital que la ha llevado a ser la gran mujer que es. Aquí la tienes.

Fotos de Cèlia Atset

 

 

Mont Plans (Artés, Barcelona, 8 de octubre de 1948) es un torrente de mujer. Aparentemente pausada, a su ritmo escudriña el escenario vital haciendo una radiografía de lo que la rodea. Socarrona, irónica, divertida y con carácter. Así es Mont Plans, La Mont, una actriz elegante y de raza que sobre todo es conocida popularmente por sus trabajos para la compañía La Cubana, aunque ha trabajado sobre los mejores escenarios y con los mejores directores del panorama teatral. La Mont, cuyo nombre no tiene nada que ver con Montserrat, es el más claro ejemplo del “Be watter, my friend”. Ha uido como un arroyo y se ha ido encontrando con la horma de su zapato: la interpretación. Estudió dibujo, pintura y diseño publicitario en la prestigiosa escuela Massana, trabajó como fotoperiodista para Tele-Express, Interviú, Lecturas… Pero el teatro la encontró y la atrapó. Tiene esa cadencia hablando de las personas con excelencia oratoria, y como le gusta a rabiar lo que hace, sus ojos chispean y brillan cuando habla sobre interpretación.

–v: Quién es Mont Plans

– M.P.: Es unamujer normal, que es muy feliz y que ha tenido mucha suerte. Es una mujer que vive de lo que siempre ha querido hacer, desde hace mucho tiempo. Y eso es un privilegio muy grande. Me siento una mujer muy privilegiada, porque me gusta mi trabajo y puedo vivir de él.

–v: Es actriz, pero no comenzó a trabajar como tal

– M.P.: ¡Qué va! Yo empecé en el teatro ya mayor… Es curioso porque he trabajado de muchas cosas, pero no acababa de identi carme con ninguna. Yo era feliz haciendo cualquier cosa que me permitiese vivir de manera independiente, y desde muy joven me he defendido en la vida. Yo sabía que podía hacer cualquier cosa hasta que hice teatro y me di cuenta de que no podía hacer otra cosa nunca más.

–v: Bueno, ser consciente de que se puede hacer cualquier cosa es algo muy grande…

– M.P.: Sí, absolutamente. Yo podía vivir haciendo lo que fuera y era feliz, porque soy muy dúctil y me adapto muy bien, pero, claro, cuando encuentras algo que es lo que realmente te gusta descubres todo un universo…

–v: ¿Cómo descubrió el teatro?

– M.P.: Fue por casualidad. No hice ningún esfuerzo… Yo conocía una persona que formaba parte de una compañía de teatro amateur, que comenzaba, y los iba a ver. Cuando pasaron a ser profesionales, como yo estaba por allí, me preguntaron si quería participar. Entonces no tenía trabajo, así que acepté pensándome que estaría tres meses, y estuve en esa compañía nueve años…Era La Cubana.

–v: Y tras La Cubana…

– M.P.: Cuando dejé La Cubana me pensaba que tras esa etapa nunca más trabajaría en teatro, porque el público de La Cubana no conoce a los actores, conoce los personajes… ¡Todavía ahora la gente me conoce por la Teresina*! Y mira… mi sorpresa fue que al día siguiente me vinieron a buscar los de la compañía Dagoll Dagom, con la que estuve cinco años. Estuve veinte años fuera del grupo La Cubana y durante ese tiempo también trabajé con Paco Mir, Calixto Bieito… Con los mejores directores. Trabajé en el Teatre Nacional de Catalunya, en el Teatre LLiure, para Focus, con Joan Pera… ¡Y he vuelto a trabajar con La Cubana! Eso es un privilegio.

–v: También produce obras

– M.P.: Cuando no me dan trabajo, se me llena la cabeza de ideas y las monto. Me he producido ya cuatro obras. Recientemente he estado en El Molino con un monólogo, “Sembla que rigui” (“Parece que ría”), que hace dos años ya estrené. Es una obra que haré mientras pueda, mientras tenga cabeza para hacerla. La hago con un compañero, Óscar Constantí. Tiene poca complicación técnica y lo puedo llevar a cualquier lugar. El Molino está cambiando, está haciendo festivales de jazz, pases de ópera, amenco, y el monólogo también le queda bien. Es una obra generadora de sentimientos.

– v: De La Mont que comenzó a hacer teatro a los 30 años a La Mont de ahora, ¿qué echa de menos?

– M.P.: Me gustaría tener el cuerpo con la energía de antes… Que envejezca el cuerpo es algo que me da mucha rabia, porque la cabeza no envejece. Por lo demás, no echo nada de menos. Estoy aquí porque estaba allí. Todo lo que pasa, incluso las cosas malas, son un paso hacia el lugar al que vas. Y a partir de toda mi vida, de todo lo que soy y de mis problemas, estoy. Todo ello me ha traído hasta aquí.

 

 

– v: Tiene una voz prodigiosa. Escucharla cantar es un placer… No me esperaba encontrar una Mont lírica…

– M.P.: Me encantaría hacer más de lo que sé hacer…Me gustaría saber cantar jazz, por ejemplo, con esas improvisaciones que hacen, y no sé… ¡Me da una rabia! Tengo estudios de cante clásico, pero no hay que ser pretencioso…

– v: De todo lo que ha hecho, ¿Con qué ha disfrutado más?

– M.P.: No sé nunca qué responder a esta pregunta, porque he disfrutado tanto con todo lo que he hecho…

– v: ¿Tiene la sensación de que ha ido donde la vida le ha llevado?

– M.P.: Sí. Yo no he tenido que trabajar mucho, en el sentido de luchar, para hacer lo que estoy haciendo. No he estado en salas de espera para hacer castings, no he sido rechazada… Pero sí es cierto que cuando ha pasado alguna cosa, la he pillado al vuelo. Mi primera vez fue: “¿Quieres hacer esto?”, y yo, que no tenía nada que ver con el teatro, podía haber dicho: “¡Hay no… qué vergüenza…!”, pero no, dije: “¡Vale!”. Cuando me han ofrecido algo he sabido ver si valía la pena o no… Aunque también con eso que no sé decir “no” y alguna vez he hecho alguna cosa a la que debería haber dicho “no”, pero bueno… Soy feliz… Por lo que hago y por cómo lo recibe la gente, porque nuestro trabajo traspasa y yo he tenido suerte, he traspasado.

–v: Tras “Sembla que rigui”, ¿qué tiene previsto realizar?

– M.P.: No tengo ningún proyecto inmediato. Haré bolos con esta obra, y tengo otro en ciernes, con un guión ya acabado y que queremos hacer la próxima temporada. El título aún no está claro… Será una obra para dos actores.

–v: Está hasta el mismísimo moño de…

– M.P.: De nada… Hasta cuando veo a la gente que critica y protesta… No sé… Cuando estaba en La Cubana lo hacíamos todo entre todos. He trabajado mucho… y no era una niña… Cargando, descargando… No había horas…Mi trabajo ahora es un lujo… Me gustaría que funcionara mejor, claro está, porque cuesta que la gente vaya al teatro, y más si ven que no es una obra que les hará reír con seguridad. Pero bueno, ahí estamos, dándolo todo… No quiero culpar siempre a las instituciones. Creo que es un problema de educación. Cuando dicen: “Hay…Qué pena…Han cerrado ese teatro…”, ¡Claro, si no vas! La responsabilidad está en nuestras manos. Hay que ir al teatro, a las exposiciones y a comprar en ese comercio de proximidad, de barrio… Está bien Amazon, claro que sí… ¿Pero no crees que en la tienda de al lado de tu casa no lo tienen, o no lo pueden pedir? La educación es lomás importante. Que la gente suba educada enmúsica, en teatro… Y que después utilicen la cultura. Está para ser utilizada. Dicen que el teatro es caro…Bueno, que miren cuánta gente trabaja en un teatro… Y quizás se van al fútbol y se gastan allí el dinero… Depende de la escala de valores. Si tu escala es la cultura, no te parecerá tan caro. Y además hay muchísimas promociones.

–v: Cómo es su día a día

– M.P.: No lo sé…La vida se me tira encima. No sé qué hago que siempre voy con el tiempo justo… Yo me levanto tarde… A las diez, o a las once… Eso ya es una pega, claro, porque si te levantas pronto, pues el día te cunde más… Desayuno bien, tranquilamente, voy a comprar o a hacer recados o gestiono correos electrónicos y trabajo un poco. Se hace la hora de la comida, y luego, por la tarde, puedo quedar con gente o realizar actividades varias…No soy nada de rutinas…

–v: Ha estado en la presentación del Cóctel Barcelona, del hotel Crowne Plaza Barcelona Fira Center, para el que ha colaborado en la creación de dicho combinado, obra del bartender Marc Álvarez. ¿Cómo ha sido la experiencia?

– M.P.: Yo soy muy barcelonesa. Amo mi ciudad y cuando me pidieron participar me pareció divertido. No es mi mundo, pero ha sido diferente. Me pidieron que pensara en qué carácter debería tener un cóctel que representara la ciudad y yo dije que Barcelona tiene un carácter único y poliédrico. Incapaz de encontrar una de nición, tuve que inventar una palabra para de nirla: “arraigadora”. Las personas nacidas aquí tienen fuertes raíces y los recién llegados rápidamente se arraigan, cualesquiera que sean sus a ciones o intereses. Y ya se sabe: cuanto más profundas son las raíces más alto crece el árbol y más orecen sus ramas.

Puedes seguir a Mont Plans a través de su web, www.montplans.cat e instagram

 

“No hacemos misas, hacemos funciones”

Mont Plans tiene memoria. Mucha. Y cuando se sube a escena recuerda a aquellas mujeres que ha conocido y con las que ha trabajado y que ya no están aquí. Le pregunto por Carmen Montornés, La Montor, a la que le ha dedicado un espacio en su página web, www.montplans.cat : “Fue mi mejor amiga en La Cubana. Yo entré en la compañía, que se generó en Sitges (Barcelona) cuando ya estaba formada y era la que venía de ciudad, podía haber estado sola, pero ella fue mi compañera. Compartimos habitación, camerino y gustos… Estábamos muy unidas. Tras La Cubana trabajamos juntas y luego enfermó… La echo mucho de menos. Siempre pienso que ella y yo hubiéramos creado una compañía y hubiéramos hecho cosas muy divertidas y bonitas, potentes, porque ella era una actriz muy, muy potente. Le dediqué “Chaise Longue”, una obra que produje, y la primera de las funciones que he hecho en El Molino con “Sembla que rigui” (“Parece que ría”) también se la he dedicado a ella. He dedicado cada una de las funciones a una actriz que ya se ha ido, pero la primera fue para ella. He recordado a Montse Pérez, que murió hace muy poco; Laura Teruel, que fue mi pianista en “Chaise Longue”; Mercè Anglès; Mercè Lleixà; Àngels Poch, Anna Lizarán, Rosa Novell… Actrices que se han ido en edades de estar activas. Me gusta dedicarles las funciones. No hacemos misas, hacemos funciones…

 

 

La lencería, la asignatura pendiente

“Me gusta ir cómoda, pero la lencería fina me chifla. Es mi asignatura pendiente. Me encantaría ir siempre bien vestida por dentro. Recuerdo en el gimnasio a una chica que vestida no destacaba, pero cuando se quitó la ropa, se quedó con medias de liguero y me pareció que iba guapísima. ¡Además tengo mucha lencería antigua! Tengo corsés y otras prendas preciosas. Pero no sé por qué motivo, aunque la ropa interior me guste mucho y haya piezas que me parezcan sublimes, luego no me gasto mucho dinero en ella, por eso digo que es mi asignatura pendiente. La lencería que colecciono la tengo guardada, porque mi casa parece un almacén… Tengo un armario lleno de prendas que no llevas por la calle, otro de sombreros… Un desastre, porque no vivo normal…”

 

 

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