Tenemos el honor de tener en esta sección a la gran actriz María Isabel Díaz. La Sole, de la exitosa serie Vis a vis, comparte con esta mujer un viaje por la vida absolutamente apasionado. Ella, que gozaba de grandísimo prestigio en su Cuba natal, decidió salir de su zona de confort para vivir nuevos retos. No siempre fue fácil. De hecho, hubo momentos muy, muy duros, pero esas experiencias la han ayudado a crecer y también a creer más en sus posibilidades. La valentía y el riesgo la definen. Aquí la tienes. Pura vida.

Por Mercè Quesada Amador

Fotos: Paco Navarro Photo

 

 

De raíces españolas, María Isabel Díaz Lago (La Habana, Cuba, 4 de julio de 1964) es una actriz que vive en España desde hace 23 años. Es absolutamente natural, nada impostada, un torrente de mujer, bellísima y carismática, a la vez que muy cercana y comprometida socialmente. Cuando la conocí en Volver, de Pedro Almodóvar, donde hacía de Regina, amiga de Raimunda (Penélope Cruz), robaba plano, así, tal cual, y me quedé con ganas de más María Isabel. La hemos tenido en la serie Vis a vis, todo un exitazo de Globomedia, producido para la cadena Atresmedia, donde ha interpretado el papel de Sole, una reclusa que cumplía condena por matar a su marido, maltratador. Su papel ha sido faro en un micro universo de féminas presas, a veces enfermo, a veces bellísimo, siempre duro. Por su papel recibió el premio Ondas en 2016 y en el 2017 fue nominada como mejor actriz secundaria en los premios de la Unión de Actores y Actrices.

¿Quién es María Isabel Díaz?

Una mujer de 55 años, cubana de nacimiento, actriz de profesión y una persona absolutamente normal, entregada a su profesión y comprometida con lo que está pasando en el mundo. A través de mi profesión creo que puedo ser la vocera de lo que está pasando. Esencialmente eso es Maria Isabel. Tengo muchísimos amigos, me gusta mucho reír, estoy rodeada de gente muy bonita y creo que eso es una suerte muy grande…

¿En su correo electrónico figura Maricusan? ¿Quién es?

A mí, en Cuba, muchas personas cercanas me llamaban Maricusa. Mi entorno más íntimo me llamaba así. Mi papá me llabama Maruchi… Cuando llegué a España viví durante cinco años y medio en Barcelona. Y a través de la oficina de empleo realicé un curso de Office en el que creé mi primera cuenta de correo electrónico. Yo quería que mi dirección fuera maricusa, pero ya estaba cogido, y al final tuve que poner la “n” al final para que me lo aceptaran. ¡Tan sencillo como eso!

¿Cuándo decidió que interpretar era su vida?

Tengo siempre el recuerdo de andar disfrazándome y de jugar a vivir vidas paralelas desde que era muy pequeña, pero yo no sabía que aquello era interpretar. A los ocho años supe que había una escuela de actuación. Mi padre no accedió, me dijo que era muy pequeña. Esperé, me olvidé de eso, pero descubrí que existía el Instituto Superior de Arte, que se encontraba muy cercano a donde yo estaba, y que podía optar a las pruebas de ingreso. Las hice, me aprobaron y ahí empezó mi andadura. Estudiando me surgió mi primera película como protagonista, “Una novia para David”, un filme precioso que está en el imaginario del pueblo cubano.

Ha dicho: “Vivir y morir interpretando es mi aspiración máxima”. ¿Podría imaginar su vida en otro ámbito que no fuera el de la interpretación? ¿Alguna afición de la que pudiera vivir en caso de no interpretar?

Yo he vivido varios planes B en mi vida… En Cuba siempre trabajé como actriz, pero cuando llegué a España canté en bares y cantinas y en restaurantes, también fui camarera, cocinera, canguro, limpiadora… ¡He hecho de todo!, incluso he trabajado en el teléfono erótico, así que los planes B los conozco… Yo creo que podría dedicarme a la educación… Trabajé en una guardería y el mundo niño me fascina… También el mundo viejo y el mundo perro… Me encantan. Tengo muy buena química con los niños y con los ancianos. En cualquier caso, no me planteo tener otra profesión. A la gente le gusta mucho como cocino… Pero no he estudiado nada más que no sea mi profesión. Cuando hay épocas en las que hay parones me quedo mal porque no sé exactamente qué hacer. No tengo un título de cocinera, tampoco de educadora… Me encuentro un poco coja en ese aspecto.

Dejar atrás Cuba buscando nuevos horizontes. ¿Por qué España?

Yo tenía un vínculo con España, como casi todos los cubanos… Mis abuelos eran españoles y era algo natural, porque el modo de vida, la cultura, la idiosincracia… tenemos mucho en común. Yo no tengo familia aquí, vivo sola desde los 18 años porque perdí a mis padres muy jovencita. Tengo hermanos, pero no en España, pero sí he tenido ese rinconcito que son los amigos, que me han dado mucha ayuda. Mi gran amigo Arnau Vilardebó, actor catalán, me ayudó con el pasaje, con lo necesario para salir de Cuba; yo pensaba que iba a ser para unos tres meses, y ¡mira! El 17 de mayo hizo 23 años que vivo en España…

Llegó a Barcelona, pero vive en Madrid. ¿Qué provocó el cambio?

Es igual el lugar al que llegas en primer lugar, siempre es el más difícil. Da lo mismo que hubiera sido Barcelona, Madrid o cualquier otro. Es muy duro llegar y partir de cero. Viví cinco años y medio en Barcelona, pero partir de la nada fue muy difícil… Yo no quería vivir en Madrid por dos razones: una, que me parecía fundamental, era que no tiene mar; y otra, que yo la veía demasiado desproporcionada para lo que yo necesitaba. Barcelona me parecía más moderna y su tamaño me parecía más humano, pero no hablaba catalán y para mi trabajo como actriz era un hándicap. Cuando me salieron los primeros castings en Madrid y empecé a trabajar allí, descubrí que Madrid era mucho más habanera que Barcelona. Madrid era más caótica, más desastrosa, como La Habana, Barcelona era todo más correcto, más organizado… Y esa locura que tiene Madrid, donde todo el mundo es de todos los lados me gustó mucho. Empecé a disfrutarlo y al poco de estar trabajando en Madrid me vine a vivir aquí. Es una ciudad que me la siento muy mía, como si fuera mi Habana. Cuando llego a Barcelona tengo esa relación tan bonita, casi dolorosa, de llegar y recuperar un lugar en el que también he vivido, pero me he aplatanado en Madrid.

¿Algo que considere que está mejor en su país y que por tanto debería importarse e implementarse aquí y algo de aquí que crea que debería implementarse allí?

En Cuba hay algo que juega a favor de la gente, del contacto social: que las redes sociales no han llegado tan fuertemente. Seguimos utilizando el cara a cara, los niños siguen jugando en la calle y las relaciones son más cercanas. Allí están más abiertos a la vida. Eso es algo que echo de menos aquí en España, y eso que en Madrid la gente es muy comunicativa, pero si pudiera importar algo de Cuba sería eso: sus relaciones más profundas, más cercanas y naturales. ¡Enamorar es mucho más sencillo…! Y también hay algo que sucede de manera más orgánica en Cuba: el lugar de la mujer. La revolución cubana creo que hizo mucho por la mujer, para que tuviera su espacio y su valor, como ser humano. Todo está mucho más equilibrado en ese sentido. Los niños crecen sabiendo que a las mujeres hay que respetarlas. Habrá de todo, claro está, pero en general la mujer cubana no se somete.

Lo que yo me llevaría de aquí a Cuba es tener la capacidad de elegir el modo de vida. Quien te gobierna, cómo te gobierna… No estoy tan segura de que la democracia sea tan democrática como parece… Creo que el poder económico es lo que gobierna; en Cuba los poderes económicos no existen, así que dependemos de que EE. UU. levante ese bloqueo tan absurdo, peor ahora, con Trump, que es como una involución… Y aquí, en España, hay que estar muy alerta con las derechas. Pero sí me gustaría que el cubano tuviera derecho a tener su pan, su mantequilla… Que su dinero valga lo mismo que aquí; que se elimine la doble moneda… Pero para eso la economía mundial debería dejar de crear cercos… En fin, quiero que en mi país se viva más o menos relajado, como se vive aquí. ¿Trabajas? ¿Tienes tu dinero? Pues puedes tener acceso a tus cosas según lo que tu ganes… Pero no que en el mercado no haya ni carne, ni pan…

Siempre ha dicho que regresar a Cuba es la opción…

Es la opción, absolutamente. Yo siempre vuelvo a Cuba… Cuando llego allí los primeros días he de reorganizar mi mente y mi manera de vivir. Pero eso me dura dos días… o ni siquiera… A los dos días siento como si nunca me hubiera ido de Cuba. Me adapto a las necesidades con una facilidad tremenda. Lo que no hay lo substituyo por lo que hay. Me llega de inmediato ese vocablo que tanto se utiliza en Cuba: “resolver”, está en nuestro ADN. Vuelvo a mis orígenes con muchísima facilidad…

También vivió en Miami

Tuve una época muy dura entre los años 2008 y 2010, en Madrid. No tenía trabajo y me ofrecieron ir a Miami (EE. UU.). Espero no repetir nunca más la experiencia… A no ser que sepa que sea algo temporal. Si me vuelvo a quedar sin trabajo, ojalá no me pase nunca, me volvería para La Habana. Pero lo dicho: espero que no me vuelva a pasar, porque me gusta mucho la senda que ha tomado mi camino y estoy muy contenta con todo lo que me está pasando. Sueño, incluso, con que puede ser mejor, pero si no, me vuelvo a mi país.

¿Qué pasó en Miami?

Es un lugar muy duro… Hay una competencia desmedida, feroz, no ya por trabajar, sino incluso por sobrevivir con los trabajos. Hay mucha hostilidad y no sirve que seas más creativo o que seas mejor. Allí la vida no puedes solucionarla si no tienes manera de imponerte en el trabajo. Es un capitalismo feroz. Todo está diseñado para que consumas continuamente. Necesitas el coche para todo, incluso para comprarte un paquete de compresas, y es un modo de vida que no me interesa para nada. Del trabajo a tu casa, sin socializar porque todo es tan inmenso que no puedes callejear como aquí al acabar tu labor… Aunque sólo puedas tomarte un vino de 45 céntimos… Allí eso es impensable. La gente está muy enfocada a lo material… No todo el mundo, no quiero ser sectaria, pero la gente necesita trabajar continuamente para dar a sus hijos lo que exige la sociedad… Está todo el mundo muy imbuido en eso. La televisión está en manos mexicanas y venezolanos, te exigen que tengas su acento y lo tuve difícil. Tuve la oportunidad de trabajar en canales cubanos para sobrevivir, hasta que pude trabajar detrás de la cámara como “coach” de actores en un “reality”. Con ese trabajo aprendí muchísimo y fue una experiencia maravillosa, porque enseñando, aprendes. Y allí tengo familia y amigos que me ayudaron muchísimo. Sentirte arropado por la familia es algo maravilloso. En Miami estuve cinco años exactos: decidí quedarme en Miami el 10 de enero de 2010 y regresé a Madrid el 10 de enero de 2015.

¿Todo viaje es crecimiento?

Sí… Todo en la vida, si sabes mirarlo, es crecimiento. Pasarlo mal, tener que trabajar en un teléfono erótico es crecimiento. Creo que el haber vivido etapas duras en España, en Miami, me ha hecho ser mejor persona. Me ha permitido conocer lo que no quiero hacer nunca y en lo que no quiero caer jamás… En Cuba todo era más fácil, no tenía que cuestionarme tanto. Yo tenía trabajo, me iba bien, tenía una carrera consolidada, fuerte, era muy querida por el público cubano, y eso casi sin esfuerzo, vino de manera natural… Hice mi primera película y fue un éxito total. La gente amaba mi personaje, tanto como se ha amado a Sole aquí… ¡Y en Cuba, porque allí se ha visto toda la serie Vis a vis!

¿Cómo una persona con un bagaje como usted decide saltar a la nada?

Vine a probar nuevos mundos. Yo siempre pensé que era poca cosa y cuando llegué a España aún lo pensé más, porque la vida se me echaba encima de una manera que yo desconocía. Lloraba mucho, lo pasaba mal… No tenía con qué pagar el piso, ni con qué comer… Fue muy duro. Y un día unos amigos míos, ante los que yo me quejaba de lo poca cosa que me sentía me dijeron: “¿Poca cosa? ¿Tú sabes lo que estás haciendo? Has venido a un país sola, sin familia… No sólo eres valiente, sino que tienes una resistencia inmensa”. Y recapacité. Pensé que tenían razón… Pero tuvieron que decírmelo. No es fuerte quien no lo pasa mal, es fuerte quien sigue a pesar de pasarlo mal. He tenido mucho tesón, resistencia, valentía, y quiero seguir teniéndola. Creo que si estoy donde estoy es porque he perseverado. Me siento a veces orgullosa de mí. Es bonito pensar: “Esto ha sido muy duro, pero he logrado el lugar donde estoy”.

 

«No es fuerte quien no lo pasa mal, es fuerte quien sigue a pesar de pasarlo mal”

 

Dice que comparte con Sole, su personaje en la serie Vis a vis, sus años, sus canas, su sensibilidad y su menopausia. ¿Qué tal ha sido su tránsito por esa etapa y qué consejos daría a las mujeres que están próximas a ella?

La menopausia es algo natural que hay que vivir. Mi hermano es médico y me aconsejó no seguir terapias hormonales substitutivas, que me planteara vivir esta etapa como un proceso vital, pero cada mujer lo vive a su manera. Ahora, por ejemplo, estoy sufriendo una época de fuertes sofocos. Sole a mí me ha dado muchas más cosas de las que yo le he dado a ella. Le he dado mi alma, mi cuerpo, mis canas, mi menopausia, mi alegría, mi sentido del humor… Pero ella me ha consolidado en el valor y en la entereza, en la integridad, en la dignidad, en la fortaleza y en el amor. Todo eso me ha dado Sole, además del afecto del público, que es una de las cosas más valiosas y bonitas que uno recibe. Este trabajo me ha dado el respeto de mis compañeros y la oportunidad de disfrutar de los creadores de Vis a vis, como Álex Pena, que tiene un talento y una grandeza totales, Iván Escobar, que continuó con el proyecto, y mi querido director, Jesús Colmenar, también Sandra Gallego, Jesús Rodrigo, Ramón Salazar… Es entrar en manos maravillosas. ¡En fin, que he tenido mucha suerte! Sole me ha dado un camino hermoso.

La obra de teatro La vuelta de Nora la ha llevado por muchos rincones de España. Debería narrar con sus ojos cómo es este país invertebrado, como lo calificaba Unamuno…

Estoy de acuerdo con él, pero creo que eso es justamente la riqueza de este país, que tiene muchas columnas, muchos sostenes… Hay algo que sí unifica a este país, que es la diversidad.

Cierre los ojos… En diez años le gustaría verse…

Me gustaría seguir trabajando en mi profesión, sin descansar, sin parar… Me gustaría tener un amor al lado, alguien tranquilo, relajado. Y sobre todo me gustaría tener un proyecto personal, me gustaría invertir mi tiempo, mi energía y mi dinero, si lo tuviera, en algo que pudiera ayudar a los demás, que me hiciera sentir que estoy colaborando con la humanidad, aunque sea a un grupo pequeñito.

 

 

 

Que sujete lo que ya no se sujeta solo

María Isabel Díaz adora la lencería. “Ya desde cuando estaba gordita yo he sido siempre una buscadora de buena lencería y corsetería. Recuerdo que, para encontrar un sujetador bonito, sexy, para mi talla tenía que gastarme mucho dinero. Me compraba uno al año y lo atesoraba… Y tenía unos sujetadores preciosos. Me gusta la corsetería sin relleno, me gusta que el tejido toque la piel, que me moldee el busto. No tengo pareja desde hace mucho tiempo, pero me compro lencería bonita. Me gusta verme cómoda, pero con un toque sexy, con una transparencia, un encaje…” La actriz ha perdido 43 kilos: “He recuperado tres de esos 43, pero me hacían falta… Me había quedado muy flaca”. Decidió perder peso por salud, porque sentía que empezaba a tener problemas con las rodillas, a no dormir ni respirar bien, así que se puso en manos de un entrenador personal. Habla sin tapujos de lo que ha significado esa pérdida de peso a sus 55 años: “Cuando eres joven todo vuelve a su sitio, pero con la edad ya no es lo mismo. ¡Ahora necesito una corsetería que tenga una buena estructura, que me sujete lo que ya no se sujeta solo!”, comenta con humor.

 

Maras, estados de terror

La actriz ha participado en el cortometraje Maras. Ver, oír y callar, producido por la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) y Globomedia. En él María Isabel Díaz hace el papel de la madre de una chica que ha sido violada delante de su padre por miembros de las Maras. «Con dolor contenido, en silencio y sujetándose a la única forma posible de librarse de sus perseguidores, inicia una huida junto a su familia sin siquiera saber si encontrará la puerta abierta.» Maras. Ver, oír y callar, habla sobre el estado de terror que siembran las maras en Guatemala, El Salvador y Honduras, que obliga a miles de personas a huir de estos países para salvar sus vidas en busca de un refugio que se les niega al llegar a países seguros como España.

¿Qué le ha enseñado la experiencia?

¡Bufff…! Yo tenía bastante información sobre el tema de las Maras en Centroamérica porque eso en EE. UU. se vive muy de cerca, pero cuando te adentras, de verdad, como lo hemos hecho con este corto, donde sabes que todo lo que estás contando viene de personas reales, que hay personas que están viviendo esta realidad y que no son un puñadito de personas… ¡Que son muchas! Es tremendo… Y lo que le puso la guinda a todo este proceso fue, en la presentación del corto, escuchar el testimonio de una persona real, detrás de un biombo, para que no se la pudiera reconocer… Lo que contó fue lo más despedazante que yo he escuchado en mi vida. Creo que hay que abrir la puerta a esas personas que necesitan un lugar donde poder mantener su vida. No es que quieran mejorar económicamente… Es que tengan una puerta abierta para poder vivir. Hay que huir de los que niegan esa posibilidad. Mueren más víctimas de las Maras que de la guerra de Siria… Y eso no se sabe. Hay que concienciar a las personas. Que busquen información sobre lo que está pasando en Centroamérica… Allí la gente no puede vivir a no ser que paguen un peaje muy caro…

¿Cómo un ser humano puede albergar tanto odio para provocar tanto dolor a sus semejantes? ¿Hay futuro?

Los primeros que no tienen futuro son esas personas, los victimarios. Es una escalada de horror en la que entran y de la que no pueden salir porque no han encontrado otra manera mejor para sobrevivir, son personas que viven alineadas, que viven en un submundo, bajo influencia de muchas cosas, del terror también, porque una vez entran ahí no pueden salir. Ellos son tan víctimas como sus víctimas, pero ellos causan dolor y son victimarios, son los verdugos, viven en un vacío ético, humano. No se cuestionan nada. Ése es su modus vivendi. Es una zona del mundo olvidada, donde la vida no vale nada. Y no hay ninguna responsabilidad gubernamental que tome papel en eso. Trump está metido en Venezuela y no ahí porque en esa zona no hay grandes recursos económicos. Siempre es lo mismo… Es triste…

Más información: https://www.cear.es/claves-sobre-la-violencia-de-las-maras/

 

 

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