Querer dar protagonismo a la mujer dotándola de un rol masculino es un tópico. La mujer no es sanguinaria. Siempre intenta mediar.

 

 

¿Qué puede hacer una mujer por amor a un hijo? ¿Qué puede hacer si además sabe que el amor de su vida atenta contra su vástago? El amor, ¿hasta dónde lleva? De ello habla esta novela, Los baños del Pozo Azul (Harper Collins Ibérica, 2018), que da continuidad temporal a El Mozárabe y recoge un personaje que aparecía en ella, Subh Umm Walad (aprox 940-999), para darle el protagonismo que merece. El lector, a través de las páginas de esta novela, que se centra en el final del primer milenio y en un momento de problemas de sucesión (994-996), irá descubriendo a esta sultana, reina en tierra de hombres, una mujer muy influyente que merece ser rescada del olvido. Jesús Sánchez Adalid le rinde justo homenaje aquí.

 

 

Subh Umm Walad tenía que resurgir. Aparece en una anterior novela, El Mozárabe, que encumbrara a Sánchez Adalid, y se quedó en el cajón de las ideas porque el personaje le subyugó. Sabía que podía extraer una historia de ella, si bien la historia real ya de por si parece sorprendente. Jesús Sánchez Adalid llegó a ella a través de las crónicas y le ha querido dotar de la humanidad femenina que conoce el autor. Madre del Califa Hixem II (o Hisham II), esposa del Califa Alhaquem (Al-Hakam), éste introdujo la figura de Almanzor como administrador de los asuntos de su esposa Subh e hijos (el mayor murió ahogado). La figura de Almanzor cobra importancia en tanto se hace imprescindible en esa área por la nula presencia del marido, Alhaquem, y porque éste muere siendo Hixem niño. Las crónicas leídas entre líneas muestran que hubo una relación amorosa entre Subh y Almanzor, pero también un desencuentro, porque ésta es sabedora de la ambición sin medida de su administrador, que logra apartar y ningunear a su hijo, Hixem, el califa. Hixem demostró, ya siendo mayor, que era un pusilánime, completamente desinteresado en ejercer como gobernante. Subh sabe que su hijo no es ni como su padre ni como su abuelo, Abderramán III, pero es su hijo por encima de todo. Y así la presenta Jesús Sánchez Adalid, como una persona que por amor procura la mediación a toda costa ante facciones que desean destituir a Almanzor a toda costa para restituir la extirpe omeya.

 

IV_La mujer, en el islam, ha estado relegada siempre a un papel doméstico, sin embargo ¿eso ha sido una interpretación del Corán? Lo digo porque había mujeres que tenían dinero y habían aportado sumas importantes para financiar campañas. ¿Esa equidad no queda recogida en el Corán?

JSA_Desde el principio la mujer, en el Corán, no tiene vida pública; pertenece al ámbito de lo privado, cuanto más en las clases más altas y en la realeza. No tenían posibilidad alguna de relacionarse con el pueblo. Lo normal y lo usual no era que las mujeres tuvieran dinero o poder. ¿Por qué Subh Umm Walad sí lo tuvo? Eso es un misterio para los investigadores, porque ella aparece con su nombre completo y sus acciones en las crónicas de la época, algo completamente anómalo, porque lo normal es que aparezca el nombre pero unido al de madre del Califa o favorita de este, pero en ningún caso como mujer con posibilidad de realizar acciones, y mucho menos políticas.

 

IV_Los baños son el lugar donde se recupera la calma, donde el corazón de nuevo late con amor, no con rabia. ¿Ése era el papel que deseaba darle en la novela?

JSA_Sí, sin lugar a duda. Es, en definitiva, un espacio simbólico. Desde el principio tuve claro que iba a ser como la catarsis, como el lugar donde Subh Umm Walad encontrara ahí el ámbito que le permitiera salir de la realidad represiva que le había tocado vivir. Ella está en un momento en el que se da cuenta del poder de Almanzor, el que fuera su amante, con el que ya no se va a poder reunir, y de que su hijo no va a poder reinar. Los baños son el espacio liberador, del calor, del polvo, de la suciedad, de la opresión y a la vez el espacio en el que disfrutar de artes como la música o la poesía. Los baños eran lugares muy placenteros.

 

IV_Almanzor representa ese pensamiento que llevamos en el ADN: somos por comparación y la codicia se alimenta de tender a creer que somos mejores que los otros, que merecemos más. Sin embargo, ¿qué hubiera sido del califato sin Almanzor?

JSA_Es muy difícil responder a esa pregunta. Realmente el califato fue muy breve: un abuelo (Abderramán), un padre (Alhaquem) y un hijo (Hixem). Alhaquem murió siendo Hixem muy joven, por lo que Subh Umm Walad hizo una especie de papel de regencia. Para el islam, Almanzor ha sido una figura providencial porque llevó el califato a su estado más alto, mucho más allá de donde los otros califas lo habían llevado, sin embargo, las crónicas cristianas lo consideran La Bestia. Es cierto que después de Almanzor, la vida del califato fue muy breve. Se disolvió y llegó la destrucción de sus símbolos más importantes, como fue la ciudad de Medina Azahara y de Alzahira, que fue la otra ciudad palatina de Córdoba.

 

Almanzor (940-1002). Fuente: Blogodisea

 

IV_Subh Umm Walad representa en su novela el ideal de la mano femenina, que intenta mediar antes de llegar a la sangre… ¿No es eso un gran tópico? ¿No hay mujeres sanguinarias?

JSA_No. Lo que se ha convertido en un tópico reciente es el hecho de darle protagonismo a la mujer dotándola de un rol masculino. Lo hace el cine permanentemente, que ha llenado el imaginario de mujeres piratas que gobiernan naves, de mujeres que dirigen ejércitos, pero esa posibilidad no existe en la historia y no se ha dado. Es verdad que ha habido mujeres influyentes para las posibilidades que tenían. Es difícil imaginar a una mujer que directamente empieza a funcionar en la acción como medida rápida y efectiva. La mujer agota otros cauces. Pone más la cabeza y el corazón. Se mueve por sentimientos. Subh Um Walad se da cuenta de que un conflicto puede afectar a la persona que más ama, su hijo. Es una mujer pacificadora y es un símbolo de ese espíritu femenino que todos conocemos y que insta a abandonar las peleas. He pretendido que el personaje fuera femenino en todo su significado, que actuara como las mujeres importantes que yo he conocido en mi vida. Ella se crió con la reina Tota de Navarra y es por ello por lo que decide tomar las riendas de su vida. Lo que sí está claro es que Subh Umm Walad no fue guerrera. Las crónicas dejan claro que estuvo resistiéndose a la revuelta en todo momento. Ella quería tener el tesoro y a través de él frenar a Almanzor negociando, pero en ningún momento ella quería la revuelta. De hecho, las crónicas así lo expresan. Porque sabía que iba a ser muy sangrienta.

 

IV_ Hábleme de los eunucos. Me parecen, a ratos, poderosos, a otros, se dibujan como bufones desequilibrados…

JSA_Los eunucos dentro del harén eran dueños y señores. Pero fuera de él no tenían poder alguno. No eran demasiado considerados. Subh Um Walad no vivía en un harén, sin embargo, tuvo eunucos como parte de su servidumbre. Ella, por cariño, por gratitud, no prescindió de ellos, si bien le dieron muchos problemas. En la novela tienen un papel importante. Le dan un toque cómico que desdramatiza la línea argumental, que es un dramón. Son como los Sancho Panza que le permiten al lector momentos divertidos. Yo creo que la literatura debe ofrecer esa posibilidad. No tiene que ser todo solemne… Hay que desdramatizar.

 

IV_A usted le interesa la intrahistoria, es decir, los escenarios históricos para novelar, para narrar, pero en ocasiones la realidad supera cualquier ficción…

JSA_En la novela aparecen personajes que, en la época, la Alta Edad Media, tuvieron gran significación, pero yo he pretendido que aparezca también el mundo anónimo, el mundo desconocido, que eso también requiere su investigación. Los arqueólogos, los antropólogos, cómo vestían las gentes de la época, cómo era la vida cotidiana de la población… Todo ello son ingredientes imprescindibles de la novela, porque de lo contrario sería una historia novelada. Yo quería un relato vivo, con color, con aroma.

 

IV_El periodo del Alándalus necesita ser recuperado en la educación. Los libros de texto le han dado una importancia escasa y no me creo que sea por la complejidad histórica de la península… Creo que ha sido un olvido adrede…

Yo no hago culpable a nadie. A medida que voy investigando me doy cuenta de que la historia de España es de una complejidad extrema. El período islámico, por ejemplo, no es uniforme. No lo es. Es absolutamente heterogéneo. A España llegaron árabes, persas, sirios, norteafricanos. Y la población hispano-romana tampoco era heterogénea, porque era hispano-romana y visigoda, y una parte se convirtió y formaron muladíes (cristianos que durante la dominación árabe se convirtieron al islam y vivían entre los musulmanes), otros siguieron siendo cristianos y se llamaron mozárabes y en medio de ellos estaban los judíos, una población extensa y muy importante porque controlaban el comercio… De todo esto ha habido una simplificación porque si no hay otra manera de enseñar y de estudiar la historia. Puedes especializarte mucho, pero lo proyectas simplificado, se enseña de manera esquemática, y hay muchos períodos intermedios que no aparecen. Pero también es cierto que Alándalus ha caído en cierto olvido y lo triste es que se hayan conservado tópicos, lugares comunes, demasiado tópicos… Cierto maravillosismo, como un escenario de cartón piedra que poco tiene que ver con la realidad; un escenario que hay que llenar de contenido, y lo que yo he querido transmitir es que existía mucha fluidez en las relaciones entre las diferentes comunidades, independientemente de la religión… Los pactos matrimoniales fueron una muestra: todos los omeyas, por ejemplo, se casaron con mujeres rumís, cristianas, navarras, una gran curiosidad.

 

 

 

La Señora, esposa y madre de califas

De personalidad deslumbrante, Subh Umm Walad, esposa del Califa Alhaquem y madre de Hixem II, era una mujer originaria de Navarra. Fue criada en la corte de la reina Tota, una guerrera emparentada con Abderramán III, que la entregó a la corte del califato como parte del botín que solían darse en los tratados de no agresión. Ella es una rumí, una cristiana convertida en musulmana cuya belleza e inteligencia deslumbró a todo el mundo. No se sentía cómoda en la corte, que relegaba a las mujeres al ámbito doméstico. Montaba a caballo mejor que la mayoría de los hombres, iba a cara descubierta, pero se hizo un hueco en el corazón de Alhaquem, que la convirtió en su preferida, entendió su carácter y con la cual tuvo sus dos únicos hijos.

 

 

Un amante del estudio que escribe

Jesús Sánchez Adalid (Villanueva de la Serena (Badajoz), 1962) se licenció en Derecho por la Universidad de Extremadura y realizó los cursos de doctorado en la Universidad Complutense de Madrid. Ejerció de juez durante dos años, tras los cuales estudió Filosofía y Teología. Además de escritor, Sánchez Adalid es sacerdote católico, ejerce en la parroquia de San José, de Mérida; académico de la real Academia de las Artes y las Letras de Extremadura; director de la biblioteca de esta institución y profesor de Ética en el Centro Universitario Santa Ana de Almendralejo, adscrito a la Universidad de Extremadura.

Ha recibido importantes galardones como escritor: Premio Fernando Lara 2007, Premio de Novela Histórica Alfonso X el Sabio 2012, Premio Troa Libros con valores 2014, Premio Abogados de Novela 2015, Premio Grada de Cultura (2011), Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza (2011), Premio Diálogo de Culturas (2013), Premio Hispanidad (2013) y en 2017 el prestigioso Premio Arcobaleno que otorga en Italia la «Bottega dell’Arte». Además, ha sido distinguido con la Medalla de Extremadura en 2009, el máximo galardón de la Comunidad.

También es patrono de la prestigiosa Fundación Paradigma Córdoba, cuyo fin esencial es recordar los ejemplos positivos de convivencia entre las tres religiones abrahámicas: judía, cristiana y musulmana, que ocurrieron en Alándalus, buscando con ello los principios y fundamentos del ecumenismo y del diálogo, así como patrono de la Fundación Foro de Córdoba.

IV_Leyendo su biografía, entra un poco de vértigo: además de escritor, ejerce como sacerdote, es académico, director de biblioteca y profesor. ¿Le da la vida para tanto?

Bueno, es como un poco de locos… El tiempo es un gran misterio… Si se aprovecha, existe, si no se aprovecha, desaparece, no está, obviamente.

 

 

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