Neil Armstrong y Edwin E. Aldrin pisaron la Luna el 20 de julio de 1969 vestidos por Playtex. Ya hace 50 años de eso y la firma de moda íntima ha querido recordar cómo llegó a ser la encargada de realizar los trajes de los astronautas que hicieron historia.

 

 

La Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio, más conocida como NASA (por sus siglas en inglés, National Aeronautics and Space Administration), es la agencia del gobierno estadounidense responsable del programa espacial civil, así como de la investigación aeronáutica y aeroespacial. El desafío de enviar el hombre a la Luna también presentaba problemas colaterales, como con qué vestirlo adecuadamente. El traje debía resistir y proteger al astronauta ante condiciones extremas, pero a la vez debía ser ligero para que pudiera moverse, debí poder presurizarse y despresurizarse… Pocos años antes una empresa del textil había revolucionado el mundo de la ropa interior con el uso del látex, un material elástico, resistente, moldeante, con capacidad de sujeción… La compañía se denominaba Latex Corporation, conocida como Playtex. En su catálogo presentaban una faja de látex, de gran éxito, y el icónico sujetador Cruzado Mágico. Playtex consideró que los materiales y los procesos de producción de estas prendas podían servir ante el reto de vestir a los astronautas, así que se presentaron al concurso que la NASA creó para proyectar el traje de los pilotos.

 

 

“Contra todo pronóstico, y tras una serie de avatares, conseguimos entrar”, informan desde Playtex. Y añaden: “Había prisa. El diseño que llegaría a la Luna tenía que estar listo en seis semanas. Idearon un traje a capas, veintiuna en total, de fibra sintética, neopreno y metal. Resistió todas las pruebas a las que le sometió la NASA, desbancando de lejos a sus competidores. El contrato fue de Playtex”.

 

 

Los astronautas vistieron trajes hechos a medida por las costureras de la firma corsetera y ellas los cosieron con las mismas máquinas Singer que cosían las diferentes piezas de los sujetadores y fajas, pero en versiones modificadas. “Trabajaron a contrarreloj, en jornadas que llegaron a las 80 horas semanales”, comentan. Instalaron máquinas de rayos X para tener la certeza de que no que quedaba olvidada ninguna aguja que pudiera suponer un grave problema, “incluso se prohibió el uso de alfileres para evitar agujerear el látex que se estaba utilizando”, añaden. La misión de Playtex, como la de la NASA, fue exitosa. Se celebra, ahora, el 50 aniversario de un viaje histórico.

 

 

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