Lola Herrera (Valladolid, 1935) ha vuelto a defender sobre el escenario a Carmen Sotillo, la protagonista de “Cinco horas con Mario”, novela adaptada al teatro por el mismo autor, Miguel Delibes, junto a Josefina Molina y José Sámano. Y cada vez que lo hace, la Herrera se asoma a una ventana abierta al aprendizaje. Este personaje, que le mostró sus infiernos cuarenta años atrás, se ha convertido en una compañera de viaje a través de la cual ha aprendido grandes lecciones de vida. Porque para Lola Herrera, actuar es eso, aprendizaje continuo.

 

Foto: Daniel Dicenta Herrera

 

Daría lo mismo lo que se pusiera encima. Lola Herrera (1935) es la clase y la elegancia personificada. Y la ironía, que parece que no, pero las va soltando con un humor fino y una cadencia que parecen horquillas de esas que cuando se clavan, bien clavadas van. Tiene 84 años y los lleva con una soltura y un saber estar que, como su elegancia, siempre la han precedido. La Herrera habla pausado, tiene una voz aterciopelada, radiofónica e inconfundible. De nuevo la tenemos subida a escena con una gira que empezó el año pasado y que sólo ella podía hacer, porque, como decía Miguel Delibes, autor de la novela “Cinco horas con Mario”, «Lola debería ser eterna para que siempre representara la adaptación teatral de esa obra». Y con ella acudió a Barcelona, tras su paso por Córdoba, Madrid…

Una rueda de prensa para presentar la obra, con la que el Teatro Goya ha inaugurado su temporada 2019-20, da pie a esta publicación.

 

Esta gira, ¿es la del adiós?

No… No me despido. Sé que se ha publicado algo por el estilo, pero yo soy una todo terreno. Me gusta mi trabajo y es una forma de vida que ni puedo ni quiero cambiar. La interpretación y este mundo son mi gasolina. Aprendo mucho de ambos. Además, tengo en marcha un nuevo proyecto que me ilusiona una barbaridad. No puedo explicar nada sobre él, pero está en marcha.

 

De la primera representación a ahora han pasado 40 años. Seguramente Carmen Sotillo la ha cambiado…

Carmen Sotillo me abdujo. Ahora me hace reír, porque estoy de vuelta de casi todo, pero cuando estrené la obra yo tenía 44 años y me estiraba de los pelos por los cuernos que me habían puesto. Estaba haciendo balance de mi vida cuando me llegó la obra. Fue una catarsis.

 

¿Cómo fue esa transformación?

Estaba muy llena de dolor. Carmen Sotillo me puso en frente de todo aquello y me causó una gran depresión, pero salí fortalecida. Si te metes a fondo con los personajes, aprendes… Es un curso acelerado que te sirve para la vida.

 

¿Qué significa actuar para usted?

Es un ejercicio del alma, es abrirse sin pudor. Significa trabajar con lo más sutil de tu persona. Este personaje es un ejercicio de valor. Me ha permitido abrirme más a los demás. Me ha hecho más generosa. En el escenario, tienes que ser generoso y regalar a tus compañeros lo que tienes. Poder mirar a los ojos, que hay actores y actrices que no te miran, regalarse uno a otro lo que se tenga… Hace falta generosidad. Para ser un buen actor o una buena actriz hay que estar dispuestos a ser generosos.

 

¿Las mujeres actuales están lejos de Carmen Sotillo?

Hay mucha vigencia en lo que esta obra cuenta. Por otras razones, quizás, pero hay muchísimas mujeres que cuando ven la obra lloran. Se acuerdan de sus madres y también de lo perdido… Hay conexiones indudables. En la obra se habla de la vida desaprovechada, de la figura de la mujer, de las relaciones de pareja, con los hijos… No estamos en los 60, pero hay lazos con el momento presente. Delibes me decía que Josefina (la directora) y yo íbamos más allá, y que eso era porque nosotras leíamos la novela como mujeres.

 

Carmen Sotillo le ha dado mucho, pero usted le ha dado tanto o más a ella…

Todas las mujeres que he interpretado enriquecen a Menchu. He puesto los cinco sentidos, las tripas y mis sentimientos en todas ellas.

 

¿Cómo se maneja, actualmente, en una sociedad virtual como la nuestra? ¿Qué relación tiene con las nuevas tecnologías?

La justa. Quiero mi tiempo para otras cosas. Tengo una tablet, pero la uso para lo justo. El teléfono lo utilizo, evidentemente, pero me da rabia porque empleando la agenda me he olvidado de los números de las personas…

Y quiero aprovechar la ocasión, qué mejor que hacerlo en Barcelona, para comentar que hay en las redes sociales un escrito sobre Cataluña en el que aparezco como autora, pero que yo no he escrito. Me parece algo mezquino que pongan en mi boca cosas que yo no he dicho y que se ponga mi nombre bajo opiniones que no he expresado. Quisiera saber cómo puede averiguarse quién publica cosas en tu nombre. Yo no hablo de política. Cuando los políticos hablen de teatro, yo hablaré de política… Y yo eso no lo veré… Si me ves en las redes, es falso.

 

Delibes, cronista. Herrera, magistral

“Cinco horas con Mario” es un documento que radiografía de manera certera y minuciosa una España en la que la mujer poca cosa tenía que decir. Pero él la hace hablar… Vaya que si habla…

Marzo del 66. Carmen Sotillo acaba de perder a su marido, Mario, de forma inesperada. Cuando visitas y familiares se han retirado, ella vela, sola, el cadáver de su marido durante la noche. Inicia, entonces, un monólogo que pretende ser un diálogo con él a través del cual descubrimos los entresijos de ese matrimonio y cómo eran ambos en esa unión. Se trata de un documento vivo de la España de la postguerra y del franquismo, que habla sobre las preocupaciones económicas, religiosas, morales, políticas, sexuales que imperaban en aquella época. Quizás a algunas personas les pueda resultar increíble, hoy en día, que Carmen Sotillo diga lo que dice, pero esas situaciones tejían la realidad de las mujeres y de la sociedad en general de entonces. Sólo recordando se rectifica. Y ahí está Lola Herrera, subida a un escenario, sola, defendiendo un personaje a través de un monólogo que requiere, en cada actuación, de una concentración absoluta: “No tienes a nadie en quién apoyarte. Estás sola, pero tengo el texto, que es una maravilla absoluta”.

Éste es el montaje más esencialista de los que se han llevado a cabo, siendo Josefina Molina la misa directora que lo estrenó en 1979, en el Teatro Marquina, de Madrid. “Cuando empezamos a ensayar esta gira Josefina se hizo una lista de lo que puede hacerse en un velatorio, y fuimos escogiendo hasta depurar de manera natural el texto y permitir que aparezcan otras cosas internas”, comentó Lola Herrera en la rueda de prensa realizada el pasado mes de septiembre en Barcelona. Y añadió: “Al principio el texto se hacía más unido, tal y como lo hizo Miguel Delibes, pero con el tiempo se han ido ganando pausas, silencios. Estoy muy contenta de lo que finalmente ha quedado”.

 

“Cinco horas con Mario” inició sus funciones en Barcelona el pasado 18 de septiembre, en el Teatro Goya (https://www.teatregoya.cat/es/), y su estreno oficial fue el 26 de septiembre. Es una producción de Sabre Producciones y Pentación Espectáculos. Estará en escena en la ciudad de Barcelona hasta el 20 de octubre. Posteriormente la gira seguirá por otros escenarios.

 

 

Con mucho valor

Foto: Daniel Dicenta Herrera

La vida de Lola Herrera no ha sido un camino de rosas. Pero ella nunca ha hecho bandera de sus vicisitudes. Ni de sus bajadas a los infiernos ni de sus renaceres. Lola Herrera es discreción, aunque cuando ha tenido que hablar con clarida, también lo ha hecho. Porque si una cosa tiene Lola Herrera frente a la vida es valentía. Defendió su maternidad (sus hijos son Natalia Dicenta, actriz, y Daniel Dicenta, fotógrafo) trabajando con ahínco, una profesión que la puso continuamente frente a los espejos de su alma. Ha interpretado el personaje de Carmen Sotillo, de “Cinco horas con Mario” en seis ocasiones diferentes, y tanto el personaje como la obra le han regalado caminos de vida, pero sin duda ella se ha puesto a caminar sobre ellos con arrojo, con esa capacidad que la hace brillar sobre los escenarios del teatro y de la realidad. “Jamás hubiera imaginado estar haciendo el personaje de Carmen Sotillo con 84 años. La historia ha pasado muy dentro de mí. Es un paseo por los fondos, los pasadizos, un largo camino por recorrer. Todo un deleite”, comentó durante la rueda de prensa en Barcelona. Tras verla en el monólogo que va cosido a su nombre, queda en compás de espera su próximo proyecto, ése del cual no quiso revelar nada…

 

“Me ayudó a reconstruir mi vida personal y profesional”

Texto escrito por Lola Herrera para el dosier de prensa de la obra “Cinco horas con Mario”

“Deseo compartir con vosotros un pequeño apunte de mi relación con Carmen Sotillo, el personaje de la novela de Miguel Delibes, “Cinco horas con Mario”. No es nada frecuente que una actriz, en distintas épocas, a lo largo de casi cuarenta años, pueda representar el mismo personaje y el mismo texto, con el mismo productor y la misma directora. Me encontré con Carmen Sotillo en 1979. A pesar de haber nacido y crecido en Valladolid y reconocer en Carmen Sotillo a muchas mujeres -en sus formas y maneras de expresarse-, tuve serias dificultades para entrar en su mundo. El personaje me producía una extraña mezcla de fascinación y rechazo.

Lo que me estaba sucediendo era nuevo. Algo me impedía asomarme a su interior y, cuando lo intentaba, me sentía desbordada y paralizada a la vez. Después de dar vueltas y vueltas al texto, por fin empecé a vislumbrar lo que guardaba Carmen detrás de sus palabras. Me encontré con una mujer llena de carencias, vacíos, frustración, soledad, deseos no satisfechos, sueños no cumplidos… Todo fue apareciendo poco a poco. Fue una especie de parto, largo y lento, en el que Carmen y Lola empujaban a la vez. El resultado de ese “parto” fue un enorme espejo donde encontré fragmentos que reconocí como parte de mí misma. El personaje abrió puertas de mi vida que yo, sin ser consciente, tenía cerradas a cal y canto. Carmen, como una buena amiga, me acompañó a traspasarlas. Juntas lloramos nuestras frustraciones, nuestros vacíos, nuestras soledades… A través de ella pude conectar con la memoria ancestral de las mujeres.

Todos los personajes te enseñan algo, pero con Menchu hay un antes y un después; ella me ayudó a reconstruir mi vida personal y profesional. Me despedí de Carmen en 2005. Pensé que para siempre, pero me equivoqué. Me emociona saber que Carmen y yo, a partir de abril de 2018 estamos de gira por toda España. Espero veros, sentiros e intercambiar sensaciones en directo. Allí donde estéis os presentaré a mi amiga Carmen Sotillo”.

 

 

 

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