Son malos tiempos para la confianza mutua en la pareja. Las tentaciones de una sociedad hiperconectada son tantas, que vivimos con la sospecha permanente de si nuestro compañero nos la está pegando. Una suspicacia de la que la tecnología saca buen provecho y pingües beneficios.

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Eso de recurrir a los servicios de una agencia de detectives para saber si nuestra pareja nos engaña puede que pronto pase a la historia -otro de esos oficios que la modernidad ha convertido en obsoletos-. Podía tener significado en una época en la que era difícil rastrear la actividad de un adúltero a no ser que uno le pusiera un sabueso detrás para saber por qué coño cada dos por tres llegaba tarde a casa con la excusa de que tenía mucho trabajo en la oficina, o le surgía con sospechosa frecuencia un viaje de negocios inesperado de varios días.

Pero en la época del big data, de la vida en la nube y de las redes sociales -y también del mal ejemplo que dan nuestros propios gobiernos hurgando hasta la desfachatez en nuestras vidas privadas-, la máxima de que se coge antes a un mentiroso que a un cojo cobra más vigencia que nunca. Por un lado, la proliferación de plataformas y aplicaciones online que facilitan el contacto con personas del otro o del mismo sexo es una tentación difícil de evitar para el voyeur y el infiel que todos llevamos dentro: una reciente encuesta revelaba que el 42% de los usuarios de una de las aplicaciones de contactos más conocidas tienen una relación, y el 30% de ellos están casados.

Por otro lado, nunca hay que subestimar nuestro necio afán de notoriedad, que nos impele a vanagloriarnos de nuestra exitosa “vida social” en las redes sociales a riesgo de ser descubiertos por las propias víctimas del engaño o por cualquier otra persona que pueda ponerle sobre aviso.

Así, el rastro virtual que dejan nuestras canas al aire es tan fácil de seguir hoy en día, que no es de extrañar que hayan surgido herramientas online -todas, de pago- que ayudan a espiar a la pareja de un modo que a veces incluso raya la ilegalidad -lo de que además sea moralmente cuestionable cuando la sospecha tiene fundamento lo dejo a su libre albedrío-. Las hay que detectan si la pareja utiliza una de estas apps de contactos sin mirar en su teléfono. Y las más sofisticadas permiten incluso rastrear la ubicación, escuchar y grabar conversaciones telefónicas y hackear las contraseñas para acceder a los datos del teléfono. Pero ojo: recurrir a estos extremos puede que no salga gratis: en enero de 2016 un hombre fue condenado a dos años de prisión por un delito de descubrimiento y revelación de secretos por espiar a su ex novia con un programa en el móvil.

Sospechosos habituales

Es tal la obsesión por controlar al otro, que recientemente un fabricante de colchones lanzó al mercado un modelo “chivato” dotado con sensores que envía mensajes al móvil cuando la cama se está utilizando de modo “sospechoso”. Desde luego, la tecnología nunca le va a hacer ascos a nuestra imbecilidad. Claro que en un mundo ideal lo más aconsejable sería dejarse de zarandajas, echarle valor y tener una conversación honesta con la pareja para salir de dudas, pero la realidad es muy contumaz y está llena de mentirosos compulsivos que negarían la mayor aunque les pillaran con las manos en la masa; así que, bien mirado, cualquier ayuda que sirva para desenmascarar al cabronazo/a que te la pega y mandarle a tomar por saco cuanto antes puede que sea bienvenida.

Casi la mitad de usuarios de apps de contactos están casados o ya tienen una relación

 

 

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