En la noche del martes, 24 de marzo. Cuando me ponía el pijama para ir a dormir le pregunté a mi marido qué día era hoy… Parecerá una tontería, pero en mí esa es una pregunta absurda. Siempre he sabido en qué día vivo. Soy una apasionada de los calendarios, de las listas de organización -otra cosa es que las cumpla-, del orden… Me entró desazón. Me desdoblé y me vi con cara de estar perdida. “Tranquila, el confinamiento empieza a pasarte factura”, pensé.

 

 

Me duró la preocupación dos segundos para pasar a un estado de ocupación hacia mis pensamientos.

Una buena amiga y genial profesional del mindfulness, Estrella Fernández, me enseñó que es necesario ser compasivos con nosotros mismos. No se trata de sentir pena. Se trata de mirarnos con amabilidad, de empatizar con nosotros mismos y con nuestros pensamientos, aliviándolos, reeducándolos.

La palabra compasión viene del latín cumpassio y ésta es una traducción del vocablo griego sympathia, que significa, literalmente, sufrir juntos, tratar con emociones. La compasión incluso va más allá de la empatía. El problema es que se ha apropiado de esta palabra una mirada paternalista, de obligación cristiana, de sobreprotección y pena. No. Me quise mirar con compasión porque percibí, desde ese no saber en qué día vivía, mi incertidumbre.

Percibí que aquello era la punta de un iceberg enorme, que acabaría dejando ver su dimensión, con total seguridad, al finalizar el decreto de confinamiento total.

La incertidumbre ante el futuro provoca, si no se moldea, si no se pone también en cuarentena, miedo. Y ahí ando, sabiendo que, como todos, sufro de incertidumbre. Mejor de eso que de covid-19, pensé también. Y mira, de ahí al agradecimiento fueron otros dos segundos. Bendita incertidumbre. Porque hay quien no la va a tener nunca más. Esta situación nos está poniendo a todos frente a múltiples límites. Y cuando crees que no puedes más, descubres que tienes terreno más allá, que quizás ni sepas cuáles son tales fronteras. Es bueno no conocerlas. Saber que tienes terreno por delante te permite caminar, aunque sea como un pollo sin cabeza…

Camina, sigue caminando, por favor.

Caminad, seguid caminando, por favor.

 

A todos mis seres queridos.

 

 

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