¿Puede haber amor y felicidad en el infierno? “Canción de cuna de Auschwitz”, de Mario Escobar Golderos (Ed. HarperCollins Ibérica, 2016), es una novela que narra los desvelos de una madre por salvar a sus hijos y a muchos otros del horror salvaje de un campo de concentración nazi. No importa el escenario. Es un tema de total actualidad. Y si no, que se lo digan a las familias sirias. Nuestra tercera apuesta para el Día Internacional del Libro.

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Canción de cuna de Auschwitz“, de Mario Escobar

Editorial HarperCollins Ibérica

Pvp: 17,90 €

Helene Hanneman era alemana, pero estaba casada con un gitano y tenía cinco hijos. Un día llaman a su puerta. Era la policía, que venía a buscar a sus niños y a su marido para llevarlos a un campo de concentración, según la orden del 16 de diciembre de 1943 firmada por Heinrich Himmler, líder de las SS, que establecía que todos los gitanos debían ser encerrados en campos de concentración. Ella estaba fuera de la batida. Pero no. Decide irse con ellos tras convencer a sus hijos que se van todos de vacaciones.

Una vez en Auschwitz, en el mismo infierno, Helene crea una guardería en el Campo Gitano. El autor narra el coraje de una madre que no se deja vencer por el terror, aunque lo lleve impreso en la piel. Es ésta una novela basada en hechos reales que rescata del olvido a una heroína del holocausto.

Según informa la editorial, “la historia y vida de Helene Hannemann y sus cinco hijos es totalmente cierta. Helene era una alemana casada con un hombre gitano. Ella y su familia fueron enviados en mayo de 1943 a Auschwitz y encarcelados en Birkenau en el «campo gitano». Tras la llegada del doctor Joseph Mengele a Auschwitz, Helene fue elegida para abrir y dirigir la Kindergarten (guardería) del campo. La mujer era enfermera y Mengele la eligió al pensar que una alemana haría mejor su trabajo. Helene tuvo varias ayudantes gitanas, dos enfermeras polacas y la enfermera checa Vera Luke.

La guardería y una escuela infantil fueron instaladas en las barracas 27 y 29. Las instalaciones contaban con columpios, material escolar y un proyector de cine. El doctor Mengele utilizó la guardería como lugar en el que cuidar a los niños que utilizaría más adelante como conejillos de indias de sus experimentos.

La noche del 2 al 3 de agosto de 1944, el campo gitano fue exterminado. A pesar de las promesas del doctor Mengele, Helene Hannemann y sus cinco hijos fueron asesinados en las cámaras de gas. A ella se le ofreció la posibilidad de salvarse si abandonaba a sus hijos, pero prefirió morir a su lado”. Sobrecogedor.

 

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