El gran drama de nuestro tiempo es que nuestros modelos de belleza son, literalmente, monstruos deformes: pechos de ingravidez imposible o sin pezones, piernas sin muslos, ombligos que desaparecen… Un mundo de horror virtual surgido de la tiranía del retoque fotográfico.

Beyoncé reclamó a H&M que le devolvieran sus caderas en la campaña de moda baño.
Fuente: Glits.mx

 

Cuando parecía que el grado de absurdo al que había llegado el retoque digital de imágenes para presentar un supuesto ideal de belleza femenina había tocado techo, una conocida marca de lencería femenina ha vuelto a “bordarlo”: los modelos  de su última campaña publicitaria aparecen con los pezones eliminados. Así, literalmente. Una salvajada que se ha vuelto viral en Internet y que demuestra que nunca hay que subestimar la estupidez humana y, más específicamente, la de algunos cretinos que pululan por el mundo de la moda y la belleza. Porque, ¿a qué mendrugo se le ha ocurrido pensar que los pezones de una mujer son algo feo que hay que suprimir en aras de realzar su atractivo? ¡Por Dios, si en la mayoría de casos todo el cotarro empieza por ahí! Bueno, y por más abajo, pero eso ahora no viene al caso. Alguien debería decir a esos tontolaba que el pezón es la zona erógena por excelencia de las féminas; masajear ese maravilloso botón -sobre todo si está perfectamente torneado y no es un manchurrón esturreado en la teta-, saborearlo, incluso morderlo -sin pasarse de la raya- es sorber el cáliz de la lujuria, abrir la puerta a un mundo de placer insondable, sumergirse en la feliz regresión del niño enganchado al pecho materno.

Semejante atentado al sentido común es la punta del iceberg de una práctica habitual que, sin salir del seno, recurre a aumentar su tamaño, redondearlo y hacerlo más simétrico. Y si recorremos el resto del cuerpo femenino, la lista no se acaba: piernas sin muslos, caderas limadas, rostros que parecen maquillados al óleo o con rodillo, glúteos que se esfuman… Un desfile de friquis que elevaría a los personajes del clásico de terror “La parada de los monstruos” (1932) a la condición de deidades de la belleza. Hagan una sencilla prueba: busquen en la web el término “famosos y photoshop” y recréense en las comparaciones de antes y después de pasar por la clínica rejuvenecedora de los bits.

Para quien esté habituado a trabajar en el mundo editorial o publicitario, es obvio que el retoque digital de imágenes es un gran invento: ayuda a eliminar pequeñas imperfecciones, a resaltar los colores y a capturar mejor la atención del lector/audiencia. Pero sus excesos por culpa de la interiorización de un canon de belleza femenina absolutamente artificial pueden crear verdaderas pesadillas estéticas de efectos irreales y contraproducentes.

Voces en contra

En los últimos tiempos han surgido voces entre personajes famosos que son carne habitual de papel cuché que abogan por el derribo de la tiranía del Photoshop. Los hay incluso que prohíben expresamente a las revistas publicar fotos suyas con retoque. El hecho de que algunas firmas de lencería sigan cometiendo desmanes digitales demuestra que sus voces todavía predican en el desierto. Mientras tanto, los que soñamos con cuerpos femeninos de escándalo, mejor que sigamos confiando en la generosidad de la madre Naturaleza o en el bisturí diestro del cirujano estético.

Los excesos del retoque digital pueden dar lugar a verdaderas pesadillas estéticas

 

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