Foto de Pixabai ©Michael Gaida

 

Hay quien se levanta quejándose: de lo mucho que trabaja, de lo cansado que está, de que tiene un mal jefe o una mala jefa, de que los vecinos hacen ruido, de que no se les oye, de que “mira ese cómo va vestido” o de “mira cómo me has mirado…” Ruido. Ruido para sus mentes y para las de los demás. Se les escucha porque tienen la suerte de estar rodeados de personas educadas, con paciencia, pero van dejando un poso rancio que hay que sanear sí o sí.

Tengo una amiga que dice que no hay que apartar nada de tu vida, que todo viene por y para algo, para aprender, que no hay gente tóxica, que también hay mucho de la mirada que sobre esas personas se arroja. Seguramente tenga razón. Es una gran amiga y una excelente persona. Pero yo soy más guerrera. Sí, quiero apartar ese poso pastoso, de ciénaga, que va cayendo en el suelo, porque sin darme cuenta puedo resbalar en él y pringarme toda. Y mira, con mi pringue ya tengo bastante. Entre el “aporta o aparta” y el “ven que te abrazo, aunque seas malo remalo” hay un punto medio y en él quiero situarme. Porque tanta queja cansa. Porque te coloca mirando en contra del agradecimiento y al final vas a parar a un mundo de orcos. No me refiero a babear con todo y por todo. Me refiero a ser consciente de lo que no te gusta, pero sobre todo de lo que te gusta y de lo mucho bueno que te rodea. Porque eso te va a dar energía para variar lo que no te gusta. No es fácil, pero la revisión continuada, las listas mentales de esto sí, esto no, ayudan mucho.

2017 fue un año de caca para muchos. 2018 a saber cómo será. Pero seguro que incluso para quienes el 2017 fue penoso hubo momentos maravillosos. Quejarse no es malo. Es un punto de partida. Lo malo es que no salgas de esa casilla. Y de verdad que hay gente que crea edificios en ella… Con cimientos de rabia que acaban enfermando el cuerpo.

Muchas veces, la queja tapa una mirada de soberbia y de superioridad sobre los otros. Por eso es tan necesario revisarla. Otras, refleja la desesperanza… Hay que revisarla, siempre. Cuando ese punto de partida se convierte en tu modo de vida en lugar de ser motor de cambio, malo… Pero claro, cada cual es cada quien.

Me encantaría que tu 2018 sea bonito. Habrá de todo, seguro, pero te deseo que el año que viene, para estas fechas, puedas cerrar los ojos y saber que, a pesar de lo malo, hay mucho bueno. Yo voy a estar atenta para no pringarme, pero también para acordarme de que las flores más bonitas necesitan abono, o sea caca, y agua para crecer. Todo suma. Que eco-escatológica estoy… Un beso.

 

 

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