¿A quién no le han regalado alguna vez un ‘pongo’? Sí, me refiero a la típica figurita o souvenir horrible que, cuando la desenvuelves, te obliga a preguntarte ¿y ahora dónde lo pongo? Pero no necesariamente tiene que proceder de un obsequio; simplemente puedes tener un mal día y comprártelo tú. Entonces llegas a casa, lo miras, y súbitamente comprendes que esa prenda no te la pondrás jamás. Pues la moda, y sobre todo la íntima, también tiene sus ‘pongos’ que debemos evitar a toda costa. ¿Quieres saber cómo conseguirlo?

Antes de comprarte un 'pongo', piénsalo dos veces

Antes de comprarte un 'pongo', piénsalo dos veces

Y es que la cosa no está precisamente para invertir en ‘pongos’ que luego no vas a amortizar y que, encima, te hacen ponerte de mal humor cada vez que los ves en el armario o en la estantería. Sin duda esto nos ha pasado a todas y a todos, especialmente con la moda, y no porque la prenda fuera fea (que a veces lo es, y a rabiar, “mejor me hubiese ido a vestir santos que vestirme como si me hubiese caído por un barranco”, piensas); lo que ocurre es que a nuestro cuerpo no le queda bien o no lo sabemos llevar. Especialmente con la ropa íntima esto sucede en muchas ocasiones: por ejemplo, cuando nos compramos algo sexy para nuestra pareja pero que dista mucho de nuestro estilo, de nuestro gusto, y nos sentimos incómodas llevándolo, inseguras…

Yo, como profesional, siempre aconsejo a mis clientas que, si se van a comprar alguna prenda con dudas, si luego no se la van poner, por ejemplo, un liguero, que simplemente no lo hagan. Claro que es fantástico complacer a nuestra pareja pero jamás sintiéndonos incómodas, porque un liguero no sólo te ha de gustar, sino que también lo tienes que saber llevar con naturalidad. Y siempre puedes sorprender a tu chico con un color diferente de moda íntima, un sexy camisón de tirantes o un espectacular culotte de blonda, en resumen, con una prenda que encaje contigo misma y te haga sentir sexy, no ridícula.

Lo importante es sacarle partido a nuestras compras, que le demos el uso que requieren y no se conviertan en ‘pongos’ de armario.

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