Por Mercè Quesada Amador

Foto: @mamasevaalaguerra

 

Cuando habla, lo primero que me impresiona es su voz. En las fotografías parece muy joven y menuda, pero su voz es potente, como si hubiera vivido mucho más de lo que a sus 31 años haber presenciado. Y es así. Su voz no engaña. Cristina Inés, superviviente de un agresivo cáncer de mama y madre de una bebé que afectada de cáncer infantil no pudo seguir adelante, transporta un alma que ha pasado por mucho, pero que aún así sigue adelante. Conversamos con ella tras la publicación de su libro, Felicidad… cargando (Ed. Alienta, 2019).

 

Tal y como expresa la contraportada de su libro, Cristina es una de las cien mil personas que, en España, anualmente, ganan la batalla al cáncer. Hasta ahí podría ser una buena noticia, pero la cara B de su historia es desgarradora: a su hija pequeña, Martina, le diagnosticaron poco antes que a ella cáncer infantil cuando tenía solo cuatro meses. Tras otros trece luchando, la enfermedad se la llevó una madrugada del 22 de agosto de 2016. “Nadie nos prepara para traer un hijo a este mundo y menos aún para tener que despedirnos de él. Pero cuando has visto sufrir tanto a la persona que quieres, cuando no puedes cambiar su dolor por el tuyo y ya no hay nada que hacer, entonces pides solo paz. Te abrazas a su olor para impregnarte de él, a su risa para nunca dejar de escucharla, cierras los ojos fuerte, rogándole vete tú a saber a quién que nada de esto se vaya nunca, la llevas contigo el resto de tu vida, le susurras al oído que pese a tanto dolor no vas a dejar de sonreír por ella, porque se lo debes, porque ella guía tus pasos y tú sólo dejas huella”, escribe Cristina en su libro, que pretende sirva de  por el que ha transitado tras compartir proceso con su hija le ha dado una lección que desea transmitir: “Antes era lo que la vida me dejaba ser y ahora soy lo que quiero de la vida”.

 

– v: ¿Qué quiere de la vida?

– C.I.:  Vivirla. Y parece fácil… Me he dado cuenta de que, hasta los 27 años, que fue cuando me dieron el diagnóstico de mi cáncer, había andado por la vida de puntillas. Cuando aprendes que tus días restan, más que suman, no dejas para mañana lo que puedes hacer hoy.

 

– v: Ha titulado el libro como “Felicidad, cargando…” ¿Ya puede echar mano de la felicidad o está en proceso de tener la batería adecuada…?

– C.I.:  Por edad podría tener la batería de la felicidad completamente cargada, pero lucho cada día por ello, de hecho, siempre he creído que la felicidad hay que crearla. Andamos buscándola y la verdad es que al final debes de dejar de buscar y empezar a crearla tú mismo con esas pequeñas cosas del día a día. La felicidad no puede consistir únicamente en los 15 días de vacaciones de verano… Hay 365 días al año. Eso va con la actitud de cada uno, pero puedes trabajarlo cada día.

 

– v: Dice la presentación del libro: “cuando el cáncer se cruza en tu vida, y más si es por partida doble, puede acabar contigo o sacar lo mejor de ti. Y en el caso de la autora de este libro ocurrió lo segundo…” ¿Qué es lo mejor de si? Dice que ahora es una versión mejorada de la Cristina de antes. ¿En qué?

– C.I.:  Aprecio lo que realmente tiene importancia en la vida, que quizás antes no sabía verlo. Aprecio cada rutina: los lunes porque son lunes, aprecio el ir a trabajar, la lluvia, el aire… Esas cosas que tenemos ahí, que damos por hecho, pero que cuando te las arrebatan te das cuenta de que al fin y al cabo eran las que te daban la felicidad. Es como el tiempo… Se ha convertido en algo tan importante para mí… Cuando dejé de tener control sobre mi tiempo y mi día a día, cuando el tiempo era estar en una butaca de hospital y la hoja de ruta de mi vida la marcaba un médico más que mis propias decisiones, el aprendizaje fue muy grande. Ojalá no hubiera tenido que ser así, pero una vez ha sido, procuro cada día ser mejor persona y lucho cada día por ser lo mejor de mí.

 

– v: Su identidad en Instagram, @mamasevaalaguerra, define su posición de combate frente a la enfermedad. Sin embargo, hay organizaciones contra el cáncer que prefieren desterrar lenguajes inspirados en la guerra cuando se habla de afrontar la enfermedad de una manera activa. ¿Qué les diferencia?

C.I.: Que yo creo que me voy conmigo, cada día, a la guerra. No lucho contra el cáncer, lucho contra mis demonios, contra mis miedos, contra mis tristezas y mis ganas de quedarme en casa y no querer ver nadie ni nada… Contra eso he luchado y sigo luchando, porque hay cosas que no se superan, aprendes a convivir con ellas como puedes. Esa es mi guerra diaria, y también lucho por recordar y por saber que hay cosas que nunca más van a ser.

 

– v: El libro se lo dedica a Lucía su hija, a la que, dice, “me rescata cada día de mi vida”. ¿Es más fácil luchar contra el cáncer que por la vida?

– C.I.: Sí. Porque para mí luchar por la vida es tener que levantarme cada día cuando no te apetece hacerlo. Vivir duele. Muchísimo, pero tengo que disfrutar a mi hija Lucía. Y es más fácil estar sentada en una butaca de un hospital, entrar en el quirófano tres veces…, que vivir sin aquellos que amamos y seguir adelante con el vacío que dejan. Vivir duele. A todos nos ha dolido la vida alguna vez. A unos más que a otros…

 

– v: ¿Se ha sentido juzgada a lo largo de todo su proceso con el cáncer?

– C.I.: Muchas personas te explican cómo lo hubieran hecho ellas, pero otra cosa que he aprendido tras haber vivido lo que me ha tocado vivir es que cada uno lleva las cosas como puede o como le sale, en todos los ámbitos de la vida, no sólo en el de las pérdidas. Y tan respetable me parece quien decide que no quiere levantarse, que no puede, como quien decide hacerlo para luchar por los suyos. A mí me toca vivir por mi hija.

 

– v: Tirar la toalla puede ser una opción. El suicidio ante el dolor inmenso puede ser una opción, para usted no lo es, pero ¿puede entenderla en otras personas?

– C.I.: Sí, lo puedo entender y respeto la opción, porque cada uno con su vida debe poder decidir qué hacer. Estamos hablando de la vida de cada uno… Hay quien decide no seguir con ese dolor, pero no es mi vida, es la suya. A mí me toca vivir mi vida y cada uno que haga con la suya lo que pueda. Me he encontrado con personas que he querido muchísimo y que me han dicho que querían morirse, que hasta aquí habían llegado, que estaban cansadas… ¿Quién soy yo para juzgarlas? Hay gente que se agota, porque la vida duele tanto que dicen: “Hasta aquí”. Que no haya sido mi caso no significa que no los haya. Cada uno llevamos el dolor como podemos y a veces no sabemos o no podemos llevarlo.

 

– v: ¿Qué es el miedo, ahora?

– C.I.:  No poder vivir bien. No le temo a la muerte ni a volver a recaer, le temo a tener que mantenerme en vida sin vivirla.

 

– v: Dice en su libro: “De esos parones obligatorios (…), de esas horas y horas postrada en una butaca de hospital que me dieron tanto que pensar, salen los cambios…”. Quizás no hay cambio porque en nuestras vidas no hay parones. Vamos a mil por hora…

– C.I.:  Exacto. De hecho, ¿cuándo te paras a analizar tu vida? Cuando tienes una mala noticia. La recibes, te sientas en el sofá y empiezas a preguntarte los cuándos, los cómo y los porqués. Vivimos sin darnos cuenta de lo que tenemos alrededor y hasta que algo no te sacude no paras y te preguntas qué has estado haciendo hasta entonces. Las mejores lecciones vienen de las malas experiencias.

 

– v: Éste es un libro inspiracional. ¿Cómo va a darle continuidad?

– C.I.:  Pues no lo sé, la verdad… Creo que cada día se aprende algo, cada día hay algo que recordar y qué compartir. Y mientras haya vida siempre se puede aportar… Todo el mundo puede hacerlo. Todos aportamos algo en la vida de todos.

 

– v: Cada cáncer precisa de un abordaje particular, pero ¿qué consejos de estilo de vida daría a aquellas personas a las que les acaban de notificar que sufren una neoplasia maligna?

– C.I.:  Que se permitan llorar, tener rabia e incluso que se permitan sentirse mal. Cada uno gestiona su tiempo y sus experiencias a su manera. Y que a pesar de que es muy duro, de que nunca más vuelves a ser la misma, vale la pena levantarse con una sonrisa a comerse la vida y a comerse la enfermedad. No es fácil, para nada, y el que diga que lo es, miente. Yo escogí aprender de la enfermedad y soy otra, absolutamente.

 

– v: ¿Qué le gustaría que se llevaran los lectores de su libro?

– C.I.:  Que se miraran por dentro y que se vieran capaces de tomar decisiones, de dar los pasos que temen dar. La vida es tan corta y pasa tan rápido… Pero si la sabemos exprimir y aprovechar es brutal… Pero hay que apreciarla, porque mucha gente vive por inercia… El pesimismo se contagia demasiado, ¡vamos a contagiarnos de cosas buenas! Que cierren el libro, que levanten la cabeza y que se vean capaces.

 

Tras sonreír, cree en ti

Felicidad… cargando (ed. Alienta, 2019). PVP: 14,95 €. www.alientaeditorial.com

Cuando le dieron la noticia del cáncer Cristina describe que pasó por varios estadios: el de la ira, porque el cáncer siempre parece que lo pasen los otros, no tú; el de la culpa, al pensar en los suyos y en cómo iban a sufrir; el de la frustración, por no controlar su cuerpo y las molestias que iba a tener… Pero con el tiempo comprendió que tenía que gestionar sus sensaciones porque si no, sumadas, iban a ser peor que el propio cáncer, porque nada iba a cambiar su situación: la enfermedad estaba ahí. Aprendió mucho, muchísimo sobre ella misma, y se reconstruyó de la misma manera que le reconstruyeron su pecho. Dice que ahora es una versión mejorada. Y de entre muchos de sus consejos, me quedo con éste: “Quiero que te levantes cada mañana con la mejor de tus sonrisas, aunque creas que no tienes motivos para hacerlo, porque sí los tienes, y ese motivo se llama estar vivo. Motivo más que suficiente para sonreír, ¿no crees? Después de ese paso ya sólo queda creer en ti”. Pues va a ser que sí, Cristina… Gracias…

Puedes seguir a Cristina Inés a través de su Instagram: @mamasevaalaguerra

 

Lee la entrevista en la edición online de INTROVERSION

 

 

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