Basada en hechos históricos, “Todo ese fuego” (Ed. Planeta, 2015), de Ángeles Caso, novela la vida de las escritoras y hermanas Brontë (Charlotte, Emily y Anne), posicionando la narración entre 1846 y 1848, como crisol de la popularidad que las sucedería, pero sobrevolando también por toda la corta vida de estas célebres autoras. Charlotte escribió “Jane Eyre” en ese periodo; Emily “Cumbres Borrascosas”, y Anne “Agnes Grey”. Unidas en vida, y también en la muerte, esta novela habla de cómo sobrevivieron gracias a las escapadas que diariamente hacían a sus universos imaginarios para huir de la frustración, pero también del dolor de las ausencias. Las tres formaban parte de un todo del que no pudieron abstraerse.

Ángeles Caso. Foto de Nines Mínguez

Ángeles Caso. Foto de Nines Mínguez

La vida de los Brontë fue dura. De acuerdo, no tuvieron que picar piedra, no se deshicieron los dedos rebuscando patatas entre la tierra helada ni se mancharon del barro de las pocilgas al limpiarlas. Pero sufrieron. Y sobre todo sufrieron la muerte, que se instaló en la casa parroquial de Haworth, en los fríos páramos de Yorkshire (Inglaterra), para segar la vida de la madre y los seis hermanos Brontë. Uno a uno y sin piedad. Más allá de la escasa dotación económica obtenida por el trabajo como reverendo del padre, Patrick Brontë, al que siempre ayudó su amable aunque fría cuñada Elizabeth, los Brontë fueron vapuleados por las pérdidas de los suyos. Como tantas familias en aquella época atenazada por la tuberculosis. Pero la autora no pretende, en su novela, comparar las desdichas de esta familia con respecto a otra. Ha querido mostrar cómo las hermanas Brontë nacieron en un momento maldito para ellas, cómo incluso toda la familia, sobre todo el padre, que ofreció una excelente e igualitaria educación a sus hijas fue adelantada al momento. Sin embargo, el dolor de las pérdidas les acompañaría siempre. Nada más comenzar, Ángeles Caso construye un retrato de las ausencias a través de los ruidos domésticos con un lenguaje poético que no por bello es menos doloroso y cierto. Así, sencillamente, como quien no quiere la cosa, la autora te pone delante del desgarro, de un dolor que ocupa espacio y cobra forma. Ese tono poético y melancólico circula a lo largo de las páginas porque no podía ser de otra manera. La vida de estas tres mujeres fue construida sobre la desdicha y las encorsetadas e injustas costumbres imperantes de una época dura. Dice la autora describiendo la rutina matinal de las hermanas Brontë: “(…) Los pequeños ruidos domésticos a los que nadie da importancia hasta que desparecen, hasta que se desvanecen en el tiempo porque quien los producía, esa persona que sacudía las alfombras, recolocaba los platos en sus estantes, subía corriendo las escaleras o le silbaba al perro para darle de comer, ya no está. Entonces es cuando nos arrasa el silencio, y percibimos la ausencia más dolorosa en cada uno de los sonidos vulgares que no vibran en el aire, que jamás volverán a vibrar en el aire de este mundo”. De una belleza extraordinaria. De una tristeza arrasadora.

 

¿Desde cuándo su pasión por las Brontë?

Lo mío ha sido una pasión tardía, porque yo leía mucha literatura alemana, centroeuropea, francesa… Tenía un prejuicio horrible sobre las Brontë; estaba convencida de que eran unas escritoras lacrimógenas, decimonónicas, cursis… ¡Fíjate qué estupidez! Fue cuando yo ya había cumplido los treinta que me puse a leer a muchas escritoras, entre ellas a las Brontë, y ahí fue cuando descubrí el error imbécil en el que había pasado gran parte de mi vida. Me quedé deslumbrada con “Jane Eyre” y boquiabierta con “Cumbres borrascosas”. A partir de ahí vino mi interés por ellas.

 

Si bien la novela se centra en las tres hermanas, es Charlotte quien ocupa más espacio, es a través de sus ojos que usted narra impresiones y escenas. ¿Es porque fue la que vivió más o por alguna preferencia?

Yo siento preferencia por Emily, no sólo por “Cumbres borrascosas”, su poesía es extraordinaria, aunque poco conocida en español. Acabo de traducir 20 poemas suyos que se han publicado en una edición especial para Navidad, junto a la novela. Sin embargo Charlotte fue, realmente, la más activa de las tres. Emily y Anne eran más secretas, menos interactivas con el mundo. Quien organizaba la vida era Charlotte. La decisión de editar fue suya. Quizás por eso en la novela acaba teniendo más visibilidad, porque también la tuvo en vida.

 

¿Considera que la relación tan estrecha de los Brontë era insana, en tanto que las hermanas, unas sin las otras, se veían perdidas y enfermaban de tristeza, o simplemente era una relación, como ellas, inadaptada al momento?

Ese apego, que parece enternecedor, fue la manera de sobrevivir a los dramas de su infancia, pero también les limitó mucho la vida, porque enfermaban cuando se alejaban una de las otras y del hogar, y eso es insano… No es bueno, para el desarrollo de una persona como individuo, ese grado de dependencia afectiva tan tremenda. La prueba es que cuando faltan van muriendo como las piezas de un dominó.

 

La experiencia vital del aparente pequeño universo de las Brontë fue la que sirvió de excelente caldo del que extraer los personajes e historias de sus novelas…

Sí… La experiencia de la vida vivida, de la vida oída a través de los relatos de su cocinera… Pero también sirvió la vida soñada. En sus obras viven lo que ellas no vivieron, y eso es especialmente claro en el caso de “Jane Eyre” y también en la primera novela de Anne, “Agnes Grey”, tal vez menos en el caso de Emily, y eso suele ser así en la literatura: todos echamos mano de cosas que hemos vivido, deseado o imaginado. Siempre hay una mezcla de elementos entre la memoria y la imaginación, y en ellas el componente de lo soñado es muy importante.

También habla de la memoria como un ente que amarga el presente y destruye la esperanza de un futuro en paz… Pero en ocasiones olvidar puede resultar muy peligroso…

Es probable que olvidar pueda resultar muy peligroso, pero recordar a veces también puede ser peligrosísimo. Cuando la memoria se convierte en una cadena que te liga al pasado y de la que no te puedes liberar, que pasa mucho, es mejor olvidarla. Y eso atañe tanto los malos momentos como los buenos. La nostalgia del pasado es tan poderosa que nos impide vivir el presente.

 

¿Cuántos fantasmas ha quemado Ángeles Caso al escribir esta obra?

Nada es casual… Yo escribí esta novela cuando se habían producido en mi vida tres muertes seguidas de tres amigos muy, muy queridos, que me afectaron muchísimo, y aunque no fui consciente en el momento de ponerme con el libro, sí tuve necesidad de dar presencia a la ausencia de los seres queridos en la elección del tema del libro, o bien en su “imposición”.

 

Presentando los caracteres de las hermanas Brontë habla de que todo el mundo posee dos naturalezas, dos hemisferios cerebrales conviviendo en uno, y que hay quienes se pliegan a uno o a otro, y quienes viven rotos, divididos, entre uno y otro. ¿Quién es Ángeles Caso?

Yo intento equilibrar siempre los dos hemisferios, pero es verdad, yo misma me doy cuenta; hay una parte de mí que tiende a la tranquilidad, a la vida calmada, incluso al aislamiento, y hay otra parte de mí que es enormemente aventurera. A veces predomina una, otras la otra, y en ocasiones se dan de bofetadas. Yo soy muy consciente de esas contradicciones internas y en la novela lo cuento sobre todo por Charlotte. Fue una mujer que vivió muy escindida entre lo que ella quería ser y lo que la sociedad le imponía. Era muy rebelde internamente, pero al mismo tiempo se pasó toda la vida intentando ser una dama victoriana correcta. Vivía en una profunda contradicción interior que le hizo sufrir muchísimo.

 

¿Qué desea que se lleve el lector de su libro?

Me gustaría que los lectores, cuando terminen la novela, además de conocer un poco la vida de las Brontë, vean la realidad brutal que había tras la apariencia romántica e idealizada de la vida victoriana. Eran vidas frustrantes… Yo que necesito hacer mil cosas y siempre estoy inventando otras para hacer, me pongo en la piel de estas mujeres, que sólo podían casarse o ejercer de institutrices, y me parece una tortura. No me sorprende que muriesen tan jóvenes, porque la frustración en la que vivieron debió ser terrible. Además de reflexionar sobre esto y también sobre las ausencias, espero que mis lectores continúen, que vayan más allá de esta novela, que lean a las Brontë, que viajen a ver su casa… Me gusta pensar que los lectores son, en ese sentido, personas a las que puedes movilizar.

Un fuego sobre el que cocinar excelente literatura

La nueva obra de Ángeles Caso se presenta aparentemente como una novela, pero también está entre el relato biográfico y el ensayo. A ratos, los más numerosos, la autora recrea el universo victoriano al que estaban sometidas las hermanas Brontë, a ratos es Ángeles Caso en estado puro, la que lleva a la narración observaciones y formas de ver el mundo actual, introduciéndolas en ese escenario victoriano. Y la narración gana, y mucho, cuando aparecen retazos de Ángeles. Como las Brontë, Ángeles tuvo un padre guía y una educación excelente que ella supo aprovechar. Como a Emily, a Ángeles no le interesa la fama y sus vanidades “porque te ponen en manos de los otros”, ha dicho en alguna ocasión. También como las Brontë, Ángeles, tras su aparente calma, es indómita y rebelde. Como Ángeles, que inició su libro con la ausencia muy presente de su amiga Concha García Campoy, las hermanas Brontë hurgaron en los sentimientos y en sus experiencias para construir las bases de sus obras. No podía ser de otra manera. Es realmente un fuego apasionado que no debería nunca apagarse porque sirve para cocinar una literatura embriagadora.

Portada de "Todo ese fuego". Ed. Planeta, 2015. PVP: 20 €

Portada de “Todo ese fuego”. Ed. Planeta, 2015. PVP: 20 €

 

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